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Friday 18 October 2019
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A 148 años de que Martí escribiera el poema A mi Madre desde el presidio

Mírame, madre, y por tu amor no llores:

Si esclavo de mi edad y mis doctrinas

Tu mártir corazón llené de espinas,

Piensa que nacen entre espinas flores.

Así se expresa José Martí en su célebre poema A mi Madre, escrito el 28 de agosto de 1870, cuando cumplía condena en el Presidio Departamental de La Habana acusado de infidencia.

Con estos emotivos versos, el apóstol de Cuba patentiza una vez más el amor y respeto que sentía por Leonor Pérez. Intentaba darle ánimo porque, lógicamente, sufría por la situación en que se hallaba su único hijo varón, quien había sido detenido desde octubre de 1869.

El conmovedor texto acompaña el histórico retrato que le hicieran con tan solo 17 años mirando a la cámara, rapado, vistiendo el uniforme de preso, encadenado con grilletes y que muestra la atrocidad de las cárceles coloniales de la época.

Los versos a su madre los escribe al pie de una copia de esa foto suya que luego envía desde la prisión a su querida progenitora. Desde hacía varios meses padecía el encierro, primero en la cárcel de La Habana y después en el Presidio Departamental.

A ello se sumaba que desde que fuera condenado en abril había tenido que enfrentarse además a la gran pesadilla del trabajo forzado en las Canteras de San Lázaro.

Doña Leonor Perez, la extraordinaria madre de Martí.

Pero, ni el aislamiento, ni el trabajo forzado habían podido doblegar su entereza. Por el contrario, esta etapa de la vida de Martí sirvió para que creciera en él su amor por su tierra natal y reafirmara su convicción de ser solidario con el dolor ajeno más que con el propio, que debía encarar y sufrir a título personal.

Fueron, sin dudas,  las infatigables gestiones de Leonor, apoyada por su esposo, las que procurarían el traslado de su hijo presidiario de las canteras a la cigarrería y de ahí a ser deportado a Isla de Pinos primero y, finalmente, a España.

La evaluación de Martí sobre ella  está expresada en la dedicatoria que le escribe en un ejemplar de sus Versos Sencillos: “A mi madre, valiente y nobilísima”.

Durante su vida el héroe nacional de Cuba lamentó no haber podido cuidar de su madre como hubiera deseado. Sin embargo, sabemos que siempre procuró ayudarla materialmente. Leonor hubiera querido otra cosa de su hijo. El propio Martí le escribe a Juan Santos Fernández, el 18 de noviembre de 1894, respecto a Leonor: “Trátamela bien, que ya ves que no tiene hijo. El que le dio la naturaleza está empleando los últimos años de su vida en ver cómo salva a la madre mayor.”

Pero Leonor, en su amorosa queja, conoce el compromiso de su hijo con su patria. De un eslabón de la cadena de hierro que arrastró en presidio, ella mandó a confeccionar un anillo que en su parte superior llevaba inscrito el nombre de Cuba y se lo entregó en noviembre de 1887 cuando lo visitó en New York. Desde entonces, Martí lo llevó consigo hasta su muerte.




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