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Friday 18 October 2019
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Cultura de millones o de élites

En #Matanzas, por estos tiempos cercanos a la fecha de fundación de la ciudad, se habla mucho de la opulencia del siglo XIX, pero en realidad el verdadero auge de la cultura matancera aconteció en la década de los 80, cuando floreció el arte y la literatura, el patrimonio y el urbanismo, no solo en este territorio, sino en la provincia y la nación.

Se fomentaron talleres literarios y publicaciones, salas de teatro y cine, de música, de baile, casas de cultura, galerías de artes plásticas, museos, bandas y coros, grupos teatrales y musicales, incluida la Orquesta Sinfónica, casas de tradiciones campesinas, de atención a los grupos portadores…

La UNEAC refulgía y se insertaba en centros de trabajo y estudio. Brilló la Asociación Hermanos Saíz, la Nueva Trova, la Brigada XX Aniversario de Instructores de Arte.

Los carnavales eran un despliegue de alegría, ritmo y buen gusto en carrozas y comparsas. Todo eso con la Revolución en su plenitud. Y lo principal, con la participación del pueblo. Muchos lo que añoran es el rescate de esos pródigos años.

En el siglo XIX hubo desarrollo del arte y la cultura, pero entre las clases élites, a las cuales pertenecían hacendados españoles, la incipiente burguesía nacional y la clase media que podía inspirarse pobremente. Los más opulentos pudieron construir, con buena fe, el majestuoso Teatro Sauto y las grandes mansiones neoclásicas, pero la mayoría de la población, entre blancos pobres, libertos y esclavos sólo podían ver las luces desde sus cobijas y barracones y tocar a escondidas los tambores.

Esa es la verdad histórica, que se mantuvo con una mínima variación, solo se liberó a los esclavos, durante los primeros 50 años del siglo XX hasta que triunfó Fidel para cumplir las ideas de Martí, de una República con todos y para el bien de todos.

Aires decimonónicos rondan por la Atenas de Cuba y es apreciable y necesario por su caudal de belleza arquitectónica y conjunción de personalidades que marcaron la concepción de “lo cubano”, pero no puedo olvidar que son vestigios de un pasado que a la luz del siglo XXI se asume como lejano.




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