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Thursday 14 November 2019
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Paciencia, chicles, pecado

Mil 700 chicles acaban de ser retirados del conjunto escultórico dedicado a José Martí que corona el Parque de La Libertad ubicado en la cubana ciudad de Matanzas, durante una restauración de su pedestal de granito rosado.

Para lograrlo hicieron falta otras mil 700 toneladas de paciencia, según me comentó el artesano artista Miguel Ojito Fariñas, a cargo de los trabajos en la obra, mientras conversábamos bajo el implacable sol del mediodía que mermaba el chance de sacar mejores fotos.

-Periodista -me decía Ojito con cara de “prepárate pa´ lo que viene”- aquí hemos encontrado D-E-T-O-D-O: latas de cerveza aplastadas detrás de la estatua de La Libertad, descartadas botellas de ron del caro y del barato, restos de comida rápida, sacos de basura inclasificable, excrementos humanos…

Volvamos al chicle: según me explicó, la cosa tiene más de maña que de fuerza. Primero se usa la espátula para desprender el “fósil” de la goma de mascar escupida impunemente sobre la piedra noble, pero incluso entonces quedan unos lamparones oscuros, repugnantes, como testigos silentes de un pecado contra el patrimonio muy difícil de ocultar.

Hay que echar mano durante muchas horas de discos de arena sílice y diamante para lograr el estado deseado, la apariencia del mineral original, cuya porosidad le juega en contra al favorecer la adherencia de las pegajosas golosinas que ponen en jaque la conservación de importantes monumentos y sitios de valor histórico en todo el mundo.

-Esta vez no tuvimos que tocar los bronces -me aseguró el artista en alusión a las estatuas del Héroe Nacional de Cuba y de La Libertad con cuerpo de mujer semidesnuda y rompedora de cadenas- porque se conservan en magnífico estado después de su anterior restauración; solo les aplicaremos aceite especial para proteger la pátina.

Al recordar el triste pasaje, en plena charla, Miguel y yo nos indignamos como si fuese de nuevo el año 2013 y acabáramos de descubrir que alguien sin preparación, sentido común ni escrúpulos, dañó severamente el monumento que reproduce con mayor fidelidad las facciones del Apóstol, al practicarle una supuesta limpieza con sustancias corrosivas.

Pero luego remitió la ira al volver al presente para comprobar, con un simple vistazo, el éxito perdurable de la espectacular restauración de las estatuas, acometida con prontitud para lavar aquella afrenta, aunque faltas no menos graves se repiten un día tras otro, con mala intención o por desconocimiento.

Son muy reveladoras unas palabras del restaurador que enmendó los daños al monumento en 2013, reproducidas por el diario Juventud Rebelde: “Una niña vino y puso una flor encima de la bandera, pero algo así la daña, porque la flor se descompone y tupe los conductos de desagüe de esa pieza. Hasta ese gesto tan bonito se debería evitar.”

Ojito es un defensor de la verja blanca colocada en fecha reciente por orientación de la Oficina del Conservador de la Ciudad para limitar el acceso al monumento.

El artesano aplaude la medida aunque jamás verja alguna formara parte del diseño original del escultor italiano Salvatore Buemi, creador de la obra inaugurada en 1909, fruto de la iniciativa de Ramón Luis Miranda, médico y amigo de José Martí.

Incluso con esta barrera que hoy genera tanta polémica hace unos días los vecinos tuvieron que llamar a la policía porque unos individuos traspasaron la reja y encendieron fuego sobre la pieza, me contó Ojito Fariñas, lamentándose ante la falta de mano dura contra los maltratadores de la memoria, los hijos malos de la Patria.

Fue Ercilio Vento, el actual Historiador de la Ciudad de Matanzas, quien tras un estudio grafológico de la personalidad del Apóstol afirmó que no halló odio ni miedo en los manuscritos de su puño y letra examinados.

Por su rostro de bronce que irradia paz pareciera que el Martí del Parque de La Libertad sigue libre de resentimientos y temores desde su pedestal de granito, en el corazón simbólico de la urbe, mientras asiste a nuestra cotidianidad tan provinciana, repleta de matices.

¿Qué diría el propio Maestro de nuestra falta de civismo? ¿Perdonaría las ofensas? ¿Condenaría con su verbo encendido cualquier agresión al patrimonio, a la memoria?




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