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Monday 16 September 2019
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Allende, un presidente que murió con dignidad y honor

“…Salvador Allende demostró más dignidad, más honor, más valor y más heroísmo que todos los militares fascistas juntos. Su gesto de grandeza incomparable, hundió para siempre en la ignominia a Pinochet y sus cómplices. ¡Así se es revolucionario! ¡Así se es hombre! ¡Así muere un combatiente verdadero! ¡Así muere un defensor de su pueblo! ¡Así muere un luchador por el socialismo! ….” (Fragmento del discurso pronunciado por Fidel Castro el 28 de septiembre de 1973 en la Plaza de la Revolución, en La Habana )

Así valoró el líder de la Revolución Cubana al amigo y presidente de Chile Salvador Allende, 17 días después de que muriera en un dramático combate contra las fuerzas militares que bajo el mando del general Augusto Pinochet,  asaltaron La Moneda, Palacio Presidencial de esa nación sudamericana, el 11 de septiembre de 1973.

A 45 años de aquellos trágicos sucesos los revolucionarios de América y del mundo recuerdan a un hombre consecuente con sus convicciones, que fue capaz de enfrentarse hasta su último aliento a los que llevaban a cabo un golpe de estado para derrocar el gobierno progresista que él encabezaba desde 1970.

El ataque atroz  y violento a la sede de Gobierno, construida en 1784, fue solo el último episodio de una campaña del terror montada por Washington con ayuda de la derecha chilena, con el objetivo de impedir la elección de Allende en su cuarta postulación a la Presidencia.

El 11 de septiembre de 1973 se consumó el golpe de Estado en contra de Salvador Allende.

Desde allí, poco antes, el presidente había enviado a través de la Radio el que sería su último mensaje, en el cual llamó a su pueblo a “no inmolarse”.

Salvador Allende en la Moneda, el 11 de septiembre de 1973.

Hasta el momento de su muerte Salvador Allende fue un gran amigo de Cuba y de sus principales líderes, compartía los ideales de apoyar a los pueblos que buscaban su liberación para terminar con el colonialismo y el neocolonialismo.

Años antes de ocupar la presidencia en Chile ya era reconocido internacionalmente y visitó por vez primera la  Mayor de las Antillas en 1959, año en que se entrevistó con Fidel y con el Che.

Regresó en 1966 para participar en la Primera Conferencia Tricontinental y para  1971 era Fidel quien recorría el Chile de Allende, convirtiéndose esa en la primera visita oficial de un mandatario cubano a la nación andina.

Un año después Allende pisó suelo cubano nuevamente, esta vez como presidente y en La Habana, frente a una multitud reunida en la Plaza de la Revolución, se le otorgó la Orden José Martí.

 

Cuando en septiembre de 1973 ocurre esa acción vandálica contra un gobierno constitucional y se produce la muerte de Allende, Fidel realizaba una visita al hermano pueblo de Viet Nam.

Ya de regreso a Cuba, el día 28, en la Plaza de la Revolución José Martí dirige un multitudinario acto en ocasión del aniversario trece de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR). En esta movilización el líder de la Revolución le rinde un homenaje muy especial al inolvidable presidente y se reafirma la solidaridad de los cubanos con el pueblo chileno.

En una parte del discurso Fidel señala: “El presidente Allende comprendía las dificultades y vislumbraba los peligros; veía nacer el fascismo, veía sucederse las conspiraciones unas tras otras. Y frente a aquel conjunto de fuerzas creadas y alentadas por el imperialismo, solo le quedaba aquella disposición de ánimo, aquella decisión de defender el proceso al precio de su propia vida..”

También resalta: “El Presidente no solo fue valiente y firme en cumplir su palabra de morir defendiendo la causa del pueblo, sino que se creció en la hora decisiva hasta límites increíbles. La presencia de ánimo, la serenidad, el dinamismo, la capacidad de mando y el heroísmo que demostró fueron admirables. Nunca en este continente ningún Presidente protagonizó tan dramática hazaña. Muchas veces el pensamiento inerme quedó abatido por la fuerza bruta. Pero ahora puede decirse que nunca la fuerza bruta conoció semejante resistencia, realizada en el terreno militar por un hombre de ideas, cuyas armas fueron siempre la palabra y la pluma…”




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