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Thursday 14 November 2019
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Recuerdos de Irma

Algunos no quieren ni siquiera recordar lo que vivieron, lo que perdieron cuando un año atrás el huracán Irma cargó contra nosotros con toda su potencia.

Pero la tormenta también ofreció a más de uno la oportunidad de medirse, de calibrar su valor o resistencia, de buscar en sí mismo el equilibrio necesario para no perder el control y ayudar a los demás.

Por esas cosas extrañas de la vida recuerdo el horror que me causaron especialmente las fotografías de los flamencos muertos en los cayos cubanos tras el meteoro, porque al cerebro le cuesta relacionar la muerte con aquellos plumajes de un intenso tono bermellón, tan… vivo.

Antes de Irma los ciclones eran para mí el tiempo de acumular víveres y agua suficientes antes de atrincherarse en casa para esperar al enemigo con la casi absoluta certeza de su llegada, como quien aguarda un prolongado asedio a su fortaleza.

Pero aquellos días de septiembre encaré el mal tiempo de un modo diferente, porque el refugio no fue el del hogar, ni la compañía la familia, ni hubo descanso, ni comida casera, ni chistes subidos de tono para sobrellevar mejor el apagón.

Con Irma fue distinto. Tras el visor de la cámara fotográfica, de pie frente al mar enloquecido bajo la lluvia junto al Faro de Maya, probé algo de esa fuerza desatada de la naturaleza, carente de razón y piedad, que nos iguala con las bestias al provocarnos el mismo miedo por instinto.

Eso sí, no faltó trabajo en equipo ni camaradería, mensajes de apoyo hasta procedentes de Qatar, anécdotas de curtidos periodistas “cicloneros”, galletas saladas, café barato, insomnio, calor humano.

Ya de vuelta al hogar tocó el turno de las noches más oscuras y los días más calurosos sin electricidad ni agua corriente, los rostros preocupados, el cansancio, la impaciencia, pero detrás de todo eso una tenue esperanza de que todo eso pasaría y así fue.

En aquel momento escribí “de día soy reportero, de noche soy alma en pena”.

Vendrán nuevas tormentas, eso es seguro, y si hemos de creer a los expertos serán incluso más severas como cortesía del cambio climático que el propio ser humano provocó con su modo de vida irresponsable.

Parece ser nuestro destino como habitantes del trópico el de recibir desde la primera línea de fuego toda la violencia de los elementos, lo cual no deja más opción que la de levantarnos cuando pasa el temporal para reconstruir todo aún más fuerte, para reinventarnos otra vez.




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