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Wednesday 18 September 2019
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Salinas de Brito: un paraje único

Dentro de tan solo algunas décadas no existirá más, o al menos no de la manera en que hoy lo conocemos.

En ese santuario de las aves en Cuba, conocido por el nombre de Salinas de Brito, el tiempo pasa como una cuenta regresiva. Cuesta creer y duele que semejante explosión de biodiversidad tenga los días contados, pero la ciencia así lo asegura.

En este lugar de la Ciénaga de Zapata, el mayor y mejor conservado humedal del Caribe insular, situado en el sur de Cuba, el cambio climático cumplirá la tarea del verdugo, alterará para siempre los ingredientes del “coctel” de la vida silvestre en sus marismas.

Para disfrutar del lugar a plenitud hay que visitarlo en invierno, cuando unas 65 especies de aves migratorias llegan huyendo del frío, procedentes del hemisferio norte del planeta.

Se llega por medio de una ruta creada por José Brito Santos, personaje recordado como hombre de negocios turbios, quien ocupó la zona en 1948 y construyó estanques precarios donde extraer la sal, colocó vías de ferrocarril para transportarla y hasta una pista de aterrizaje.

Impacta de inmediato la belleza de bosques y marismas casi vírgenes, con las cuatro especies de manglares cubanos y abundancia de maderas preciosas como la caoba antillana o el ébano carbonero, usadas en la construcción de vías de ferrocarril y lujosas mansiones en La Habana.

El sitio atrae especialmente a observadores de aves interesados en la ornitología cubana, pero también otros visitantes que prefieren practicar kayak, senderismo o probar suerte en uno de los mejores destinos del Caribe para la pesca fly de especies como el macabí o la palometa.

Los turistas, en particular los europeos, suelen admirar la perfecta conservación de este ecosistema, perteneciente al Parque Nacional Ciénaga de Zapata, con nostalgia, pues les recuerda la apariencia que tenían paisajes de sus países natales cuando aún no habían perdido la batalla contra el desarrollo industrial.

Aunque miles de aves endémicas o no, sobrevuelan las Salinas de Brito y forrajean en armonía en las lagunas; entre todas parece reinar el flamenco, con su plumaje de un tono bermellón que indica sin lugar a dudas la buena salud del entorno.

Unos diez mil flamencos, las aves flama comparadas en la antigüedad con el mítico fénix, llegan a congregarse cada año en este paraje único para mayor deleite de los fotógrafos de naturaleza.

Aunque el peligro innegable del ascenso del nivel del mar y la salinidad, unido a la caza y pesca furtivas amenazan hoy el porvenir de las Salinas de Brito, el hombre toma medidas para su conservación, pues se resiste a dejar que tanta belleza desaparezca.




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