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Monday 16 September 2019
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Sonrisa gratis

Bajo de la bicicleta y agarro la cámara. Matanzas, malecón, mar de plato, sol anémico, lluvia recién caída.

En busca de un contrapicado planto rodilla en suelo y, mientras escruto el enfoque perfecto, siento pasos por detrás. Escucho, instantes más tarde, una voz de mujer que dice: -Mi amigo, ¿y para mí no hay foto?

Levanto la vista, estiro las piernas, la beso en la mejilla y, poco después, al estudiar su cara, caigo en la cuenta de que no la conozco. Mulata clara, bonita, 16, 17, 15 –qué sé yo la edad que tiene–. El cuerpo salado, recién salido del mar. La blusa larga y de color entero sobrepasa al short en su viaje hasta los muslos.

Provocativa, risueña, inocente, se me ha acercado como si me conociera de toda la vida, como para probar fuerzas. Sin querer le he seguido el juego y, ahora que me entero, disimulo el shock.

– ¿Cómo que no? –le respondo.

– ¿Me vas a tirar una de verdad? – contrataca eufórica.

– Sí, por supuesto –le incito.

– ¿Dónde me pongo?

– Donde quieras…

Mientras rodea la estatua que hasta entonces utilizaba –yo– de modelo, tres muchachos se revuelcan de la risa desde una bicicleta. La miran y esbozan “no” con la cabeza. Sin esconder los dientes la persiguen con los ojos. “¿Qué irá a hacer esta loca?”, deben estar pensando.

Ella encuentra la forma de que el mar le pose de fondo. Tira el peso del cuerpo hacia una de las piernas y coloca en la cintura la mano izquierda. La otra baja recta hacia su muslo, paralela a su blusa, en línea con la pierna que sigue hasta encontrar el suelo.

– ¡Completo! –grito luego del tac-tac del obturador.

– ¿Ya? –replica radiante– déjame ver.

Viene corriendo y, de un salto, cae a mi lado. Busco el archivo y le muestro.

– ¡Ay! Mírame ahí, qué bien. Ay, muchas gracias, niñito.

– No, no… tranquila, no es nada.

Y se va corriendo rumbo a aquellos tres que aún no dejan de reír. “Mi´jo, ¿viste?, me tiró la foto y bien”, una carcajada sobresale.

Y se pierde por ahí… con sus  16, 17, 15 –qué sé yo la edad que tiene–, sin conocer qué ocurrirá a la instantánea. Pasará un rato así de contenta.

Increíble –cavilo–, para ello solo ha necesitado saberse registrada en la cámara de alguien que vio. Un tipo desconocido que, probablemente, jamás le devolverá el retrato suyo.

La imagen, algo desenfocada y con encuadre y composición criticables, todavía está aquí.



Estudiante de Periodismo


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