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Monday 16 September 2019
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La presión de VM32

La última vez que un equipo de béisbol de Matanzas consiguió un título nacional, allá por el año 1991, bajo la dirección del limonareño Gerardo Sile Junco, la alegría fue desbordante, sencillamente, la pelota es como el café mañanero para el cubano. El referido gallardete fue el quinto en la historia de la provincia en 30 años desde el inicio de las Series Nacionales en Cuba en 1961, dos con el equipo Citricultores y tres con el de Henequeneros.

Dos años después se fusionaron ambos conjuntos y surgió el equipo Matanzas; no fue el debut de un equipo yumurino bajo ese nombre, pues entre 1967 y 1974 había un combinado llamado así, sin embargo, los resultados no fueron del todo halagüeños, ganaron 190 juegos y perdieron 357 en ese período.

Pero el Matanzas de entre 1993 y 2011 tuvo un balance de 680 victorias y 901 descalabros, la mejor posición alcanzada fueron dos quintos lugares consecutivos en 1994 y 1995, a pesar de contar en sus rosters con jugadores que ya habían sido campeones con los Henequeneros de Sile Junco, o que integraban preselecciones y selecciones de equipos Cuba.

En esos 19 años vistieron la franela del Matanzas peloteros de la talla de Juan Manrique, José Estrada, Jorge Luis Valdés, Julio Germán Fernández, Carlos Kindelán, Carlos Mesa, Lázaro Garro, Michel Abreu, Eduardo Cárdenas, Vaisel Acosta, Amaury Casañas, Yoandri Garlobo, Yoanni Pérez, Yadil Mujica, entre otros con sobradas condiciones para llevar al conjunto a lograr mejores desempeños, pero esto nunca se logró.

Como respuesta a ello la Comisión Nacional no veía con buenos ojos que un equipo con tantas figuras de nivel no tuviera la entrega suficiente para brindar un digno espectáculo. Otro dato negativo es que en el tiempo que analizamos, con excepción de la serie número 41 en el 2002, a partir de la edición de 1998 comenzó la desenfrenada carrera en picada de estos conjuntos, donde siempre perdían más de lo que ganaban, con el punto más bajo en el 2007, cuando de 90 encuentros solo lograron 26 sonrisas.

En ese lapso de tiempo ocho managers se sentaron en el banquillo de los Cocodrilos y solo en el 2002, nuevamente bajo la batuta de Sile Junco, lograron llegar a 48 éxitos en la temporada, pero no les alcanzó para acceder a los play off.

En el 2012 se hizo oficial la llegada de Víctor Mesa al timón de la nave roja; hizo cinco promesas de las cuales cumplió cuatro. Entre ellas, traer de nuevo la televisión al estadio Victoria de Girón, de Matanzas, porque al ser el equipo tan deplorable en su actuación, no se molestaban en traer una unidad de control remoto ni siquiera cuando chocaban contra los grandes como Industriales, Pinar del Río, Santiago de Cuba o Villa Clara.

Y de repente el coloso yumurino cobró vida nuevamente, volvieron los aficionados, los de siempre, los incondicionales, los que subían sus bicicletas a las gradas porque sobraba espacio en ellas. Pero también llegaron los nuevos, los jóvenes, los que quizás ni sabían que Matanzas tenía un equipo de béisbol jugando en las Series Nacionales.

Hasta ese momento casi siempre se culpó al pitcheo de no lograr los resultados, Víctor llegó y comenzó a trabajar fuerte e hizo una declaración que a todos les pareció una locura, ´a mí el pitcheo no me preocupa´. Matanzas se regocijaba con cada victoria, incluso la algarabía por la obtención del tercer lugar en ese mismo año, fue mucho más desbordante que cuando se obtuvieron los títulos en la década de los 90.

Asistir al Victoria de Girón era casi mejor que un festejo popular, se disfrutaba de un buen juego, el equipo ganaba, al concluir el choque llegaba la música hasta bien tarde en la noche, la televisión regresó, llegaron a las postemporadas por primera vez desde la nueva estructura, varios integraron preselecciones nacionales, algo que no era frecuente en la provincia, y el aficionado era feliz.

Pero la luz siempre trae mucha sombra y los medios de difusión se encargaron de demonizar la imagen de Víctor, lo mínimo que hiciera o dijera era móvil de críticas de los periodistas, otros hacían cosas peores  y ni los mencionaban.

Para cuando la selección yumurina perdió en las semifinales durante el cuarto año del mandato del 32, ya los mismos fans que lo vitorearon comenzaron a hacerse eco de las malintencionadas conclusiones que hacen los improvisados, desconocedores del tema y falsos seguidores. Los que nunca estuvieron pasando frío en aquellas noches cuando las gradas del Girón yumurino clamaban por más público, los que sencillamente son malagradecidos.

La frase corría como la pólvora,  Matanzas, no gana campeonatos porque Víctor Mesa presiona mucho a los peloteros, igual pasó en Villa Clara…, también lo culpaban por la partida de varios jugadores y otra sarta de barbaridades, sin embargo el DT resistía a pie firme al punto de que en su último año como estratega implantó récord para 45 juegos con 42 victorias y solo tres reveses.

Inmediatamente, Hernández Luján, del programa Bola Viva, dijo que la serie no tenía calidad porque Matanzas había logrado ese resultado, sin embargo, la serie que se vive actualmente creo que es la peor de todas las vistas y ningún equipo va a ni siquiera quedar cerca de ese resultado.

Al cabo de seis temporadas Víctor se marchó, con dos subcampeonatos y cuatro terceros lugares y dejó su lugar a Víctor Figueroa, quien se las ingenió para traer de vuelta a los que habían desertado con “la explosión naranja”, quizás para demostrar que bajo su mando todo sería diferente y hasta dijo que si VM32 le apodaron Compay Segundo y Carlos Tercero, él sería Pedro I.

Y como dicen, el terreno ha dicho la última palabra. Todo ha sido totalmente diferente con Figueroa, la serie anterior accedieron a los play off, y entonces los malagradecidos fans solo repetían una cosa: los veo jugando sueltos, sin presión, jugando alegres…, ganaron el primer partido de semifinales contra Granma y ya todos decían que Matanzas era campeón, porque Yera había ganado, entonces perdieron cuatro seguidos de forma ridícula, algo que nunca pasó con Víctor Mesa.

Para esta serie 58 los entendidos daban a las huestes yumurinas como favoritas para estar en la segunda fase. Todo comenzó bien contra Mayabeque, y entonces llegó la debacle, ya se habla de graves problemas de disciplina y que no quieren jugar con Figueroa, entonces, ¿con quién?

Ya no está Víctor Mesa, ya no puede haber presión, ¿qué pasa?, unos dicen que es porque les falta Yonder y Ariel Martínez, y se lesionó Aníbal Medina, sin embargo, a Mesa se le fueron jugadores más importantes como Yadiel Hernández, José Miguel Fernández, Guillermo Heredia, Dainier Moreira, Omar Estévez y Onel Vega, y Yurisbel Gracial estuvo un año en la liga CanAm y aún así implantó récord en su última serie.

¿Cómo se explica que aún cuando se quedó sin esos importantes jugadores siguió siendo el equipo al que todos querían derrotar en Cuba y además continuó navegando sin problemas hacia las postemporadas?.

Otros dicen que acabó con el béisbol en Matanzas porque no desarrolló figuras. Ahí tenemos a los villaclareños Roberto Acea y Norel González o al habanero Alexander Pozo, hasta el mismo Lázaro Blanco llegó a conocerse mejor después de dos años como refuerzo de Matanzas.

 

Tenemos la mala costumbre de creer que la serie nacional es para desarrollar figuras, grasso error, las figuras hay que desarrollarlas en la base para que brinden el mejor espectáculo y no veamos la cantidad de errores, bases por bolas y malos corridos de bases en el principal pasatiempo deportivo cubano.

¿Qué sería en estos momentos de Jonder Martínez, Ramón Licor o Jefferson Delgado de no ser por Víctor? El primero recobró nuevos aires después de la división del equipo de La Habana en Mayabeque y Artemisa, y los segundos ya ni jugaban, el mismo Jefferson estaba jugando en la Liga Azucarera, porque no formaba ni forma parte de la estrategia de renovación del Villa Clara.

Además, tenemos la ayuda a los ex peloteros. Cheíto Rodríguez estaba olvidado en Cienfuegos; José Ramón Riscart, tuvo su oportunidad como preparador de lanzadores en la Atenas de Cuba; Wilber de Armas volvió a verse en la TV como coach, y Manuel Benavides regresó al juego para demostrar que no siempre se puede influir en el retiro de los beisbolistas.

Como aficionado debo estar eternamente agradecido porque nos hizo felices en esos seis años, ya no quedaban espacios para las bicicletas, el frío no se sentía en pleno invierno, las iniciativas en el estadio eran bien acogidas, las pantallas gigantes, la fiesta después de cada encuentro, la gastronomía estatal y no estatal no daba abasto.

En las calles matanceras desde que salía el Sol todos, conocedores o no, preguntaban si Matanzas había ganado o no, con aquel aire de confianza de que siempre el equipo ganaba.

Y hoy…, ¿cómo se muestra el Victoria de Girón?, ¿qué se comenta en las calles de la pelota matancera? La callada y ausencia por respuesta. ¿Será que Víctor Mesa ahora presiona a la afición? Risas.




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