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Wednesday 13 November 2019
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Naborí: Alter Ego de Juglar y Alter Ego de Letras

Entre décimas que afloran del corazón e historias que hacen un nudo en la garganta, Fidel Antonio Orta Pérez narra las vivencias del poeta Jesús Orta Ruiz. Contar con el testimonio del hijo de Naborí constituyó sin dudas un viaje de regreso al año 1982, cuando la Asamblea municipal de San Miguel del Padrón quiso regalarle un homenaje al poeta por su cumpleaños. Próximo a celebrarse el 96 aniversario del natalicio de este Premio Nacional de Literatura sirvan estas historias para profundizar sobre la vida y obra del Indio Naborí, uno de los poetas más importantes de la cultura cubana.

¿Qué importancia le concedía el Indio Naborí a las instituciones culturales cubanas?

– Cuando Naborí cumplió los 60 años, en septiembre de 1982, todas las instituciones deseaban homenajearlo, pero que San Miguel del Padrón le rindiera honores por medio de su Asamblea municipal tenía para él una importancia conmovedora. Para el Indio era casi sagrado el compromiso con las instituciones cubanas, fueran políticas o culturales. El acto como tal se llevó a cabo en el cine Continental, de esa localidad habanera de San Miguel del Padrón y los organizadores le pidieron al poeta que volviera al escenario y cantara en público.

Fidel Antonio y Alba Orta Pérez, hijos de Jesús Orta Ruiz

¿Qué sintió Jesús Orta Ruiz cuando volvió al escenario en septiembre de 1982?

– Esa noche de septiembre el mismo adorado juglar de los años 40 y 50 sostuvo una controversia con otro grande del verso improvisado: Pablo León. Lo que allí sucedió fue casi incontable: calles cerradas, policías controlando el acceso, barreras de contención, cientos de personas en el interior del cine, en fin, un acontecimiento poético de carácter nacional. Nadie quería perderse al Indio Naborí. El Indio vivió un momento de suma emoción porque, incluso, cuando entraba al cine se encontró con gente de su infancia, con sus hermanos que todavía estaban vivos.

Realmente aquello fue “un viaje a la semilla”. Cuando Naborí subió al escenario el cine entero estalló en aplausos. Una ovación dejó mudo al poeta durante varios minutos y vivió una emoción que no esperó sentir. Habían pasado más de 20 años, ya él no vivía en San Miguel del Padrón, pero parecía que el tiempo no había pasado. El poeta suspiró profundo, aguantó las lágrimas y se acercó al micrófono y allí dijo estas palabras: “Hermanos, yo quisiera que ustedes tuvieran en cuenta que yo hace más de 20 años que de un modo sistemático no canto y que también tengo ciertas limitaciones de salud, sin embargo, el deseo de ustedes es que yo cante, si canto por última vez, que sea esta noche, así que voy a cantar con mucho gusto.”

¿A su juicio, cuál fue la trascendencia de este encuentro?

– Todavía hoy no se ha estudiado a fondo la importancia que tuvo este acontecimiento para la cultura popular cubana. ¿Por qué no publicar un libro que recoja las décimas que allí se cantaron? Puedo asegurar que ese día se dio la tercera parte de la Controversia del Siglo en verso improvisado. El Indio Naborí, en su último escenario como poeta repentista, porque esa fue la última vez que cantó encima de un escenario, demostraba una vez más que entre su Alter Ego de Juglar y su Alter Ego de Letras no existía ninguna contradicción, ambos eran complementarios.

No exagero si digo que en el cine Continental se vivieron momentos de profunda emoción, lo que primó fue el más puro delirio, multiplicado mil veces por el numeroso público, por sus familiares y amigos más cercanos. Varios fueron los temas que allí se cantaron: homenaje íntimo a San Miguel del Padrón, la Patria, los padres, los hijos, los mártires.

¿Qué relación existió entre la vida y la obra del poeta?

– Recuerdo que en el encuentro con Pablo León, este estaba viviendo un momento dramático porque su hijo se había ido para los Estados Unidos en una balsa y Pablo estaba desesperado. Por supuesto, en una controversia no podía dejar de salir un tema tan sensible como este y tocarle al viejo el tema de los hijos era multiplicarle la emoción, pues inevitablemente salía a relucir el hijo que perdió el poeta. En ese dilema de los hijos Naborí dijo esta décima que es casi fílmica de la vida íntima del viejo:

Hoy yo estoy por dos motivos

que hacen un contraste cierto

triste, por un hijo muerto

feliz por tres hijos vivos

un dolor que es lenitivo

una tumba y una risa

por eso mi rostro divisa

de los ojos a la boca

una lágrima que choca

con la luz de una sonrisa.

¿Desde su perspectiva, cómo valora al Naborí poeta?

– El Indio Naborí es un caso atípico de la literatura cubana, porque en él se da una fusión poeta-poema-poesía-popularidad que alcanza niveles de categoría estética. Su vida y obra marchan juntas, así se presenta como un todo significativo. Presenta en su obra conceptos como: sociedad, cultura, independencia, nación y Patria. En su obra está lo clásico, lo moderno, lo culto y también lo popular. También en su obra hay una vertiente de la realidad social. El Indio Naborí demostró que lo verdaderamente popular no está en la forma de abordar la poesía, sino en el alcance masivo que tengan los contenidos de esa poesía, que lo mismo puede venir en décima, en romance o en redondilla.

¿Cómo fue la relación de Jesús Orta Ruiz con Matanzas?

– Mi padre estuvo muy involucrado con Matanzas y es algo que he palpado en la práctica. Por ejemplo, es muy querido en otros lugares alejados de la ciudad como Amarillas, Jovellanos, en Colón, también en Limonar, donde se encuentra la Casa Naborí. Con el paso del tiempo él tuvo siempre una relación muy especial con Matanzas. Creo que esto se debió fundamentalmente a que Matanzas es un pueblo de poetas, de poetas que cantan y poetas que escriben. Muchas veces vino Naborí a Matanzas, incluso vivió un tiempo en Jovellanos.

-Esta relación se incrementa mucho más cuando él empieza a tener un vínculo con la Universidad a solicitud de la misma institución y comienza a venir todos los años aquí a Matanzas a celebrar su cumpleaños. De hecho, su cumpleaños número 80 lo celebró en la Universidad de Matanzas porque sentía una empatía con los matanceros, con las personas que dirigían la universidad y que lo atendían a él. Realmente era una necesidad para mi padre compartir afectuosamente con los trabajadores y estudiantes de la Universidad, era algo que lo gratificaba.

  • Fotos de la autora


Estudiante de Periodismo


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