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Tuesday 17 September 2019
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“…hoy Venecia sin ti, qué triste y sola está.” (+video)

  • Adiós a uno de los ídolos de mi generación

La fiesta no había comenzado aún cuando llegamos al lugar. En el momento de presentar la invitación para entrar al salón empezó la música. Un cantante francés cubría la noche con una especie de ensoñación en su idioma. Era un Y por tanto inolvidable, que aún después de tantos años, me hace rememorar la ocasión.

Así llegó a mí y a muchos de mi generación el galo-armenio Charles Aznavour, un hombrecito de baja estatura, físico nada atrayente y una voz más bien apagada, pero melodiosa, llena de dulzura. Hay quien dice –y es una verdad irrefutable- que supo llevar muy bien sus defectos y los convirtió en cualidades.

En mi juventud, Monserrate era el sitio “de lujo” para celebrar los famosos 15 a las jóvenes. Y la mejor música las tenían el versallero Francisquito o el técnico Alborúa. Si uno de ellos ponía la música, la celebración estaba garantizada.

El salón, que hoy funciona como restaurant, se quedaba a media luz después del baile de la quinceañera y sus parejas, y entrabas al lugar si tenías invitación, que un portero recogía en la entrada. Eran noches muy agradables, con toda esa Matanzas llena de luces a nuestros pies, excelente música y un buen espacio de reunión para los de mi época.

Aznavour era uno de los ídolos de mi generación, junto a otros solistas como los españoles Raphael y Serrat y agrupaciones como Los Beatles, por no hacer grande la lista.

¿Cuántos de nosotros no enamoramos con su Venecia sin ti? ¿Cuántos no nos refugiamos en su Debes saber o Quién después de una mala pasada?

En enero de 1967, cuando se casó para el resto de su vida con la sueca Ulla Thorsell, a la que le llevaba 17 años, y entró en los caminos del éxito Tus 16 años, entonces yo era una estudiante de secundaria de apenas 14 años y aquella historia del “hombrecito mayor francés” y la joven de 26 años, llenó las fantasías de las muchachas de amor.

No puedo olvidarme de mis amigas Ely, eternamente enamorada del galo, y mi querida Lourdes, que se echó a llorar cuando su hija y su yerno, paseando en una góndola por uno de los canales venecianos, la llamaron para que escuchara al gondolero entonando la letra de Venecia sin ti. Aznavour marcó a nuestra juventud.

Por eso nadie se asombre si hoy las aguas en Venecia se llenan de viejas barcazas y, como un himno, timoneles y navegantes, en una sola voz, dejan escuchar la canción que los inmortalizó en el mundo.

Indudablemente que la fama no le llegó por gusto, cantante desde los once años de edad, no apagó su voz hasta el último aliento. Aún con 94 años, el próximo 26 de octubre debía actuar en Bruselas. ¡Inaudito!

Fue un artista que probó su amor y respeto por la canción durante toda su vida, que aún con un físico y una voz nada apetecibles para el mundo musical y los grandes escenarios, fue rey en los más prestigiosos del universo.

Grabó en francés, en español, en inglés y en alemán. Hace solo tres años hizo su último disco. Y durante su carrera unió su voz a la de otros grandes como el norteamericano Frank Sinatra, el español Raphael, la italiana Laura Paussini y el cubano Compay Segundo.

Además de en su país natal, recibió premios y homenajes, y fue condecorado en Japón, país donde cumplió recientemente su última gira; Estados Unidos, Italia, Armenia, Canadá, Bélgica y Egipto.

Se apagó la voz del “embajador de la canción francesa”. Ulla recordará, una y otra vez, aquella letra de: “Quién, cuando yo no aliente…” Se fue uno de los ídolos de mi generación, pero no el recuerdo de los amores que él acompañó, ni sus mensajes de amor. Pero, sí, “… hoy Venecia sin ti, que triste y sola está.”




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