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Sunday 17 November 2019
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Matanzas te evoca, Che

Octubre nos devuelve al Che. Aunque se diga, sin faltar a la verdad, que no importa una fecha para recordarlo. La vorágine de la vida se detiene para nutrir esa versión personalísima que cada quien guarda y que salta desde lo más profundo al escuchar su voz o a Fidel repitiendo sus palabras en la carta del adiós; al asistir a la noticia de su muerte, siempre dolorosa; al tomar conciencia del reto enorme que nos dejó en la construcción del Hombre Nuevo.

Esta vez el reencuentro llega por medio de Arnaldo Jiménez de la Cal, Doctor en Ciencias Históricas, quien se refiere a la relación del irredento luchador con la provincia de Matanzas:

“El Che conoce a Matanzas el 2 de enero de 1959, donde se detiene en su recorrido con destino a La Habana. Ese día tiene contacto con los trabajadores del centro telefónico, pues allí intentaba comunicarse con las fuerzas de la capital para conocer su situación. Luego lo invitan a comer con los obreros del sindicato del sector eléctrico en el callejón de San Severino y en esos menesteres le informan de un tiroteo cerca del ya desaparecido hotel Ríomar, en el centro de la ciudad. Antes de partir con la columna incluso bromea sobre lo “oportuno” del conflicto, justo cuando se disponían a sentarse a la mesa. Luego de solucionar la situación continúa su viaje.

“Ocurre otro momento singular cuando el Comandante viene a El Morrillo y habla sobre Antonio Guiteras, sobre la influencia de su pensamiento en los guerrilleros y, de hecho, en la propia Revolución.”

La responsabilidad que adquiere luego el dirigente revolucionario como Ministro de Industrias posibilita que en varias ocasiones visite el territorio en funciones de trabajo:

“Está presente en la planta Rayonera Gonzalo de Quesada, en la Fábrica de Jarcias, en la galletería ‘Chichí’, hoy Yumurí. En esa etapa él visita con regularidad la mayoría de las empresas de la región. No obstante, me parece importante la creación de una granja agroindustrial experimental con el nombre de Ciro Redondo en homenaje a uno de los rebeldes de su columna que cayó en la lucha contra Batista. En esa sitio, ubicado en el municipio de Jovellanos, se producen materias primas para la industria cubana, un proceso fundamental que debía conducir a la soberanía y al desarrollo de esta esfera en la Isla. Por su significación, él mantiene un estrecho seguimiento, prácticamente la dirige personalmente.

“El Che era un hombre de ciencia desde su misma formación profesional como médico, además se interesaba mucho por el conocimiento, por aprender. Con ese espíritu y estimulado por la necesidad de obtener la autonomía económica, garantía para la independencia política, inicia estas pruebas que luego extiende a la búsqueda de variedades de caña en secano con lo que logra la siembra de unas 80 mil arrobas. También   comienza una cría de cerdos de gran tamaño, se interesa por plantas como el kenaf con diferentes usos en la industria cubana.

“Este intercambio fue tan activo que él venía a la granja piloteando su avioneta Cessna y aterrizaba en una extensión de tierra propicia para esta función. Muchos no saben que este es el último lugar del país donde se le ve con su traje verdeolivo. En esa ocasión se despide de los trabajadores, almuerza con ellos ese domingo y, cosa rara en él, permite que se beban una cerveza. Cuando ya se iba pide que siembren de pangola la pista de aterrizaje, pues se ausentaría por largo tiempo. ‘Me voy a cortar caña a Camagüey’ es la excusa que ofrece y sale por última vez por los aires matanceros dejando aquí su investidura de trabajador social, su insignia de Guerrillero Heroico.”

El también miembro de la Unión de Historiadores de Cuba en Matanzas subraya la trascendencia de la obra guevariana en la sociedad cubana actual:

“El Che es una figura con múltiples influencias, no solo en el ámbito político, sino en el artístico, en el social, en el cultural, en el humano. Recuerdo siempre una frase suya que me parece de gran pertinencia en el contexto actual, hay que repetirla mil veces en esta coyuntura que tenemos: ‘Aquí se puede meter la pata, lo que no se puede es meter la mano’, con esas mismas palabras. Alude, por supuesto, a lo inmoral del robo, pero también a su incoherencia con la sociedad que se construye, a su incompatibilidad con los valores del socialismo. En una primera lectura parece implacable, pero realmente sus palabras son muy comprensivas con las imperfecciones del hombre, reconocen la posibilidad del error, de la equivocación. Son, sin dudas, fruto de su inteligencia aguda.

“Otro rasgo de su personalidad que siempre me interesó mucho es la atención al hombre, su delicadeza en el trato a sus compañeros, a la gente. Esto es expresión de un profundo humanismo, de una lucha personal que llevó a proporciones internacionales no solo contra el capitalismo o el imperialismo, sino contra toda forma de explotación, contra la degradación de los seres humanos.

“Nunca Fidel fue tan certero como al decir que era el paradigma del hombre del siglo XXI. No existe un mejor ejemplo para nuestros pioneros que el que encarnó el argentino-cubano dispuesto a morir todos los días por el mejoramiento de la humanidad.”   

Cuando este 8 de octubre más de siete mil estudiantes en la provincia ingresen a la Organización de Pioneros José Martí y entonen la frase “Seremos como el Che”, que más que un lema es aspiración y motivo, el recuerdo del guerrillero cobrará nuevos bríos en la sonrisa de un niño.




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