Search
Wednesday 13 November 2019
  • :
  • :

“El miedo se queda en tierra”

Parece cosa de locos: un tipo con casco de minero o de ciclista que lleva atado a la espalda un super ventilador, trepa por el viento colgado del parapente y casi al instante se pone a más de 200 metros de altura sobre mi cabeza.

Se columpia en el cielo como si hacerlo fuera lo más natural del mundo y desde muy abajo le observamos nosotros, los mirones, patéticos humanos que no saben volar. Pero no se trata de un demente que ayer creyó ser Napoleón, hoy cacarea como una gallina y mañana se empeñará en hacerse pasar por cafetera.

Hay otra clase de locura en todo esto de dejarse llevar por las corrientes de aire casi como si uno fuera una mota de polvo. Va y a lo mejor al final resulta que somos eso: unas motas de polvo con opiniones demasiado elevadas de si mismas.

El cielo es de un gris turbio con nubes como manchas que bailan con la ventolera y el sol parece tener muy pocas ganas de traerle calor a la bahía de Guanima que recibe el abrazo de San Carlos y San Severino de Matanzas, la ciudad a punto de cumplir 325 años de fundada.

La gente llega poco a poco a las inmediaciones de la playa El Tenis, indiferente a la puntualidad, pero atraída por la promesa de espectáculo que se adivina en una exhibición aeronáutica, con aeromodelismo incluido.

Hay un hombre en el aire con una bandera cubana y para verlo mejor los vecinos se asoman a sus balcones, los transeúntes olvidan el apuro, los conductores aminoran la marcha en pleno viaducto y todos miran a lo alto.

Unos procuran captar con sus teléfonos inteligentes el mejor ángulo del piloto en parapente motorizado que sobrevuela el litoral; otros disfrutan el momento y lo absorben sin preocuparse por dejar constancia de un hecho poco rutinario en esta zona.

Había un hombre que volaba… ahora hay dos. El par de pilotos profesionales parece ejecutar una danza improvisada, pero con movimientos precisos y a tanta distancia solo puedo diferenciarlos por el color del parapente: uno azul, el otro rojo.

Una pausa tras el descenso me da el chance de conocer a Gerardo el “chino” Ramos Salgado. Él, acabado de llegar de los cielos, comparte sin reparos su visión de aquella panorámica de lujo captada hace apenas instantes por la cámara frontal instalada en su casco.

 “Se ve fenomenal”, me asegura el piloto con 15 años de experiencia y no se refiere a la resolución del vídeo, sino a la experiencia de sentir el viento azotándole la cara mientras admira parte de la Atenas de Cuba a vuelo de pájaro.

En la tensión del clima mañanero uno presiente la lluvia de la tarde -una tormenta que luego será huracán y se llama Michael está fortaleciéndose al sur del occidente cubano-, pero de momento hay buen tiempo para el vuelo, aunque habrá que esperar a que el viento recobre la calma.

Mientras disfrutamos las reacciones de los niños al ver cómo se elevan las réplicas de aeroplanos operados por radio control, Gerardo me hace partícipe de sus vivencias como piloto en el polo turístico de Varadero, afiliado al Club de Aviación de Cuba.

Para este “chino” natural de Bayamo y aplatanado en Matanzas, no existe la rutina cuando se está en lo alto, porque incluso al volar sobre un paraje conocido te puedes llevar una sorpresa. El paisaje cambia y te cambia. “Nadie se baña dos veces en el mismo río”, sentenció Heráclito.

Atesora en la memoria “momentos de gran satisfacción” tras pasearse en el cielo sobre Baracoa, el sur de la Sierra Maestra, el Valle de Viñales y, por supuesto, el balneario de Varadero que suele regalarle la belleza de sus cristalinas aguas de tono azul turquesa bajo el sol tropical.

Un menudo avión sin pasajero guiado desde tierra ejecuta una atrevida pirueta en la que parece caer desde las nubes, pero no, y los niños explotan en una algarabía de felicidad y sorpresa que nos distrae un momento antes de continuar la charla.

 – Esto que tú haces ¿se siente como trabajo?, le pregunto.

 – Realmente sí, porque cuando llevas un pasajero dispones de su seguridad, pero se disfruta mucho trabajar cuando uno hace lo que le gusta, me dice Gerardo.

Me cuenta sobre los rigores del entrenamiento del piloto, el énfasis que hace la preparación en la psicología del pasajero para interpretar sus gestos, la forma de hablar, la talla, el peso. Hay que hacerse un experto en leer ciertas señales para que todo vaya bien cuando los pies dejen el suelo.

“Como decimos nosotros: esto es un equipo (el parapente motorizado) para dos donde solo va el piloto con el pasajero y el miedo se queda en tierra”, cuenta Ramos Salgado.

El “chino” me regala su versión de aquel delicioso paseo sobre Matanzas que hizo este mismo año. Él en su parapente, junto a un fotógrafo, escoltó al equipo que sobrevoló la ciudad cubana de los ríos y los puentes a bordo de un globo aerostático, durante un recorrido auspiciado por el Ministerio de Turismo y otras instituciones.

Me doy cuenta de que me brillan los ojos y la boca “se me hace agua” mientras Gerardo describe una magnífica panorámica del Valle del río Yumurí y en algún punto de mi mente vuelvo a ser un niño que lee Cinco semanas en globo, de Julio Verne, durante una calurosa tarde de agosto.

Puede que más temprano que tarde se concreten los permisos de rigor y el suave vaivén de los globos tripulados llegue a formar parte del paisaje de Matanzas, la ciudad neoclásica de Cuba, para entonces convertida en destino turístico y no lugar de paso.

Alguien se acerca para informar que el clima es propicio para continuar la exhibición en los paramotores, según lo indica la información meteorológica que fluye constantemente desde las torres de control y el centro regional de vuelo.

Nos despedimos con un apretón de manos derechas y el “chino” se reúne con el resto de los pilotos que van a prepararse para volar de nuevo. La gente sabe que ahora viene lo bueno y buscan el mejor sitio para gozar del espectáculo. Todos nos preparamos para sentir de nuevo ese cosquilleo de sana envidia al ver a otros realizar lo imposible. Al fin y al cabo por eso estamos aquí.

  • Foto del autor

Enlace al video tomado por el piloto y compartido por el perfil en facebook de la editora Girón:

https://www.facebook.com/EditoraGiron/videos/450515682139124/




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Mostrar Botones
Ocultar Botones