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Tuesday 17 September 2019
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En vísperas del 10 de octubre

Desde la víspera del alzamiento de la Demajagua por Carlos Manuel de Céspedes, la hacienda vibraba de emoción porque se sentía el latir de las ansias de libertad en cada uno de sus habitantes: dueños y esclavos.

Reseñan los historiadores que esa noche del 9 de octubre de 1868 la bandera ya estaba lista. La había cosido Candelaria Acosta y recorría
el batey para anunciar la épica por venir. Dicen que como los enviados de Céspedes vieron tronchada la posibilidad de adquirir la tela en
Manzanillo debido a los controles enemigos, la hija del mayoral de la finca le aseguró al rico hacendado que confeccionaría el estandarte
con las telas de sus vestidos.

La agitación era indescriptible. Centenares de hombres habían acudido al llamado de Céspedes, quien decidió adelantar el inicio de la gesta
independista, cuyo inicio estaba fijado para el 14 de octubre de ese año.

Sucedió que los preparativos fueron conocidos por el Capitán General español, quien envió un mensaje por telégrafo a Bayamo en el cual ordenaba la detención de Carlos Manuel de Céspedes, Francisco Javier de Céspedes, Bartolomé Masó, Francisco Maceo Osorio, Francisco
Vicente Aguilera y Perucho Figueredo, entre otros patriotas.

Al tanto de esta comunicación estuvo Ismael de Céspedes, hijo de Francisco Javier y sobrino de Carlos Manuel, a quienes informó de lo
que sucedía. Fue entonces que el propietario del ingenio Demajagua decidió adelantar la contienda independentista para el día 10. Desde el portal de la casona del ingenio Demajagua, Céspedes miró hacia la Sierra Maestra y al amanecer de ese histórico día expresó: “Ciudadanos, ese Sol que veis alumbrar por la cumbre del Turquino viene a alumbrar el primer día de libertad e independencia de Cuba”. Comenzaba la gran guerra por la independencia nacional.




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