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Tuesday 17 September 2019
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Yara y las primeras veces

Yara parece una bonita palabra para llamar las cosas. Yara: nombre de mujer. Yara: nombre de pueblo. Yara: nombre de bandera. Yara: nombre de revolución.

No ocurrió el 10, sino el 11. Desde horas de la madrugada los pioneros de la gesta habían comenzado su marcha rumbo al lugar del mundo que, hasta ese momento, yacía fugado de las páginas históricas.

El poblado carecía de importancia militar para las autoridades coloniales. Resultaba previsible una victoria sin apenas empuñar armas. Mediante recados se pactó la entrega del sitio a discreción. Los hombres de La Demajagua entraron en Yara lanzando vítores de libertad.

La confianza –asegura el refrán– resguarda al peligro. Las intenciones de los independentistas habían sido reveladas al enemigo y, mientras los mambises penetraban por una esquina del pueblo, por la otra llegaba una columna española.

Los disparos sorprendieron los festejos y apenas restó tiempo para que los pocos sobrevivientes escaparan. Con solo doce hombres cuenta la historia que quedó la incipiente empresa. Pero la historia va cargada de imprecisiones. Doce hombres quedaban en ese lugar, pero Cuba estaba repleta de soldados.

Ese fue el Yara de Oriente.

En Matanzas también existió un Yara. El primero de su tipo en la Isla. Ya empezada la Revolución, los patriotas matanceros hubieron de jugar con lo desfavorable del terreno y la amplia concentración de soldados en el territorio, para lograr un efectivo desenvolvimiento patriótico.

Desde inicios del siglo XIX el territorio yumurino poseía comunicación marítima establecida con la capital. Barcos de vapor iban y venían transportando personas y distintos tipos de carga.

A pocas millas de las costas cardenenses los insurrectos secuestraron la embarcación a vapor Comandatario, buque con itinerario oficial Habana-Cárdenas. Esta resultó la primera acción naval de los cubanos contra las fuerzas del colonialismo. El barco, en homenaje a la más sagrada de las primicias, recibió el nombre de Yara.

El susodicho nombre de a poco fue sentando bases en la historia. Llegado el momento José Martí acabó por inmortalizarlo en una publicación periódica cuando sentenció: “Nuestros hombres son los de ayer; nuestros soldados son los soldados de los diez años; nuestra guerra, la de Yara; imitaremos a nuestros antecesores en bravura, y recordaremos, para evitarlos, sus errores. […]”



Estudiante de Periodismo


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