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Sunday 22 September 2019
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Alboroto por los 325

El otro día un colega que vive hace muchos años en La Habana me hizo entender de manera diferente el hecho de que para su cumpleaños 325 en la ciudad de Matanzas no se concluirían varias de las muchas obras que se han emprendido aquí.

Luis Sexto, que más que colega es Maestro, y quien siente un cariño especial por Matanzas, me dijo sin muchos titubeos ante mi insistencia de “mire profe, ¿vio todo lo que se está haciendo?”: “¡si están armando todo este alboroto por el 325, qué no harán cuando Matanzas cumpla 500!”

La sentencia tajante del profe me hizo ver el vaso medio lleno y gracias a esa perspectiva pasé de ser una escéptica con tendencia a lo negativo a una confiada con inclinaciones a la esperanza.  A  veces hace falta la visión de alguien que está fuera del problema.

Y no es que yo misma no entendiera, porque además como periodista he estado muy cerca de cada momento que se ha vivido en la lucha por echar a andar el plan de restauración de esta ciudad, la primera moderna de Cuba, como no se cansa de señalar Alicia García Santana o la neoclásica por excelencia, como nos recuerda Ramón Recondo Pérez.

No es eso. Es que ya el 325 está aquí y la gente se desespera. Y en las paradas se comenta que tal obra es imposible que concluya, y se especula si el Sauto abre o no, y si la Escuela de Oficios, fundamental para todo lo que viene después, marcha atrasada. La gente habla a veces porque le falta información.

Pero el profe Luis Sexto está en lo cierto. Los matanceros nos desesperamos, pero no hay por qué, ya empezamos. Mal estábamos hace unos años cuando la ciudad se nos caía a pedazos y no podíamos hacer nada porque no había recursos, porque no había dinero para invertir en nuestras principales edificaciones o no teníamos a ese Quijote conciliador que es Leonel Pérez Orozco*.

De hace cinco años hacia acá la ciudad fue declarada Monumento Nacional, fue creada la Oficina del Conservador y se han destinado millones a salvar para la posteridad nuestra arquitectura. Hemos visto cómo quedaban al desnudo los adoquines de la primera cuadra de la Calle del Medio, luego los de la segunda y ahora los de la Plaza de la Vigía.

Somos testigos de cómo edificios que nos dolían comienzan a recobrar sus bríos, poco a poco, porque el deterioro era mucho. Ahí están lo que será la Oficina del Conservador, el majestuoso Teatro Sauto, el Cuartel de Bomberos y detrás la sede de la Banda de Conciertos de Matanzas.

Narváez, un sueño que parecía imposible, le ha dado a la ciudad otro aire, con un paseo a la orilla del río San Juan que no tiene nada que envidiarle a ciudades del mundo que muchos admiramos. Y entre las calles Milanés y Contreras encontramos un parque de La Libertad que renace bello para beneplácito de quienes un día junto a nuestro semanario Girón elevamos un “réquiem por nuestro parque”.

Son muchas las obras, algunas no tan llamativas, pero igual de importantes. A veces molesta el polvo, los escombros por doquier, las calles cerradas… Y quisiéramos que todo anduviera a más velocidad, pero es imposible.  ¡Piensen cuántos años (más de 15) pasamos para restaurar la Sala White!

Todo no es perfecto. Aún quedan rezagos del triunfalismo que nos hacía apurar obras porque había que inaugurarlas en tal fecha y luego nunca se terminaban, aún a veces no le consultamos decisiones muy importantes a quienes más saben porque no nos gusta lo que nos dicen o invertimos en tareas que no merecen prioridad, pero por suerte, eso es cada vez más “cosa del pasado”.

Apenas estamos comenzando. Nos desesperamos y es lógico. Matanzas merecía esta devoción que le rendimos ahora. Merece aún más, pero estamos a tiempo de corregir el tiro. Los matanceros debemos involucrarnos más porque conservar una ciudad no es tarea solo de los políticos, los gobernantes, del Conservador o los constructores, sino de todos.

Ya las autoridades gubernamentales han asegurado  que hay financiamiento planificado para continuar y el otro día alguien, cuya mano ha estado de forma anónima tras todo este movimiento constructivo, anunció “inteligentemente” que el 2019 es el primer año de los 230 de Matanzas.

Si repasamos bien, las ciudades mejor conservadas de Cuba tienen o sobrepasan los 500 años. Tal vez nos gane Cienfuegos, que a punto de arribar a sus 200 es ya un paradigma de urbe. Pero en La Habana, Eusebio Leal, que es el ejemplo de los ejemplos en esto de la restauración, ha trabajado sin descanso desde hace décadas y aún le falta un mundo.

En muchas reuniones he escuchado que el 325 es un punto de partida, pero yo prefiero verlo como un punto en el camino, que no es el inicio ni el final, sino otro cumpleaños más, que, corto o no, nos ha servido a los matanceros para armar el mejor de los alborotos, el que nos conducirá dentro de unos años, profe Luis Sexto, a habitar una ciudad más hermosa aún, si es que eso es posible.

* Conservador de la Ciudad de Matanzas.



Periodista. Natural de Los Arabos (Matanzas). Viví en Colón desde los 10 años hasta que en 2002 me radiqué en Matanzas, donde vivo actualmente. Trabajé en el periódico Girón y actualmente en la Web de la Emisora Provincial Radio 26. Mi blog personal es Pedazo de Cuba: http://pedazodecuba.blogspot.com/; soy @yirmaratorres en Twitter y Yirmara Torres Hernández en Facebook.


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