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Tuesday 19 November 2019
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Acabar con la pobreza no resulta una utopía

Según datos aportados por el más reciente informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD por sus siglas en inglés) más de 800 millones de personas en el mundo aún viven con menos de 1.25 dólares al día y muchos carecen de acceso a alimentos, agua potable y saneamiento adecuados.

Y es que la pobreza no es solo una cuestión económica. Debemos dejar de observarla exclusivamente como una falta de ingresos, ya que se traduce, además, en un fenómeno multidimensional —y multicausal— que comprende, entre otros elementos, la falta de capacidades básicas para vivir con dignidad.

La pobreza es en sí misma un problema de Derechos Humanos, pues se caracteriza por vulneraciones múltiples de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales.

No por carecer de importancia el primer Objetivo de Desarrollo Sostenible resulta «Poner fin a la pobreza en todas sus formas en todo el mundo» y en tal sentido cada 17 de octubre desde 1993 se celebra el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, gracias al padre Joseph Wresinski —una de las primeras personas que puso en evidencia el vínculo directo entre los derechos humanos y la extrema pobreza—, que hizo un llamamiento en 1987 para luchar contra esta lacra, animando a conmemorar el Día Mundial para la Superación de la Pobreza Extrema.

De acuerdo con especialistas del tema, para superar este problema el crecimiento económico debe ser inclusivo, con el fin de crear empleos sostenibles y de promover la igualdad. Los sistemas de protección social deben aplicarse para mitigar los riesgos de los países propensos a sufrir desastres y brindar apoyo para enfrentar las dificultades económicas.

Y es que, a pesar de que la tasa de pobreza mundial se ha reducido a la mitad desde el año 2000, aún falta mucho camino por recorrer. Datos aportados por el Banco Mundial señalan que 767 millones de personas siguen viviendo en la pobreza extrema y según cifras del PNUD, en América Latina una de cada tres personas que han salido de la pobreza en los últimos años está en riesgo de volver a caer en ella.

En nuestra región, a pesar de que se logró disminuir en 67 por ciento la mortalidad de niños y niñas menores de cinco años, 3.6 millones de niños y niñas con edad de asistir a la escuela primaria, no lo hacen; y siete de cada diez niños y niñas con discapacidad no asisten a los centros educativos en América Latina y el Caribe.

En nuestro país, el desarrollo social impulsado por el papel centralizador del Estado y la dinámica del sistema económico, entre otros múltiples factores estructurales, impiden realizar un cálculo certero de los niveles de pobreza. No obstante, la aplicación de una política social única ha garantizado la unidad de los objetivos y propósitos sociales, logrando que todos accedan a los mismos servicios y derechos.

En Cuba existe un alto nivel de cobertura y eficiencia en los programas desarrollados y se defienden las metas sociales y políticas del Estado, como ente superior que representa los intereses populares. En ese sentido, estas acciones han permitido asegurar la elevación de la calidad de vida, mediante sistemas de movilización social, particularmente en el caso de la Educación y la Salud Pública.




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