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Sunday 17 November 2019
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Una mujer que vive con la luz de la música (+fotos)

Podría dedicarle una información a la presentación de la cantautora cubana Liuba María Hevia en la Sala White, de la ciudad de Matanzas. Pero no estaría a la altura de un concierto que merece más que una nota de las convencionales.

Liuba comenzó su interpretación a solas con su guitarra, la eterna acompañante de sus horas nostálgicas, íntimas, alegres o reflexivas.

Representante desde muy joven del movimiento de la nueva trova, la artista regaló a los matanceros un repaso por toda su obra musical, en el que no faltaron el tango, la canción infantil y la música tradicional cubana.

Hevia confesó deberle parte importante de su carrera profesional a Matanzas “porque la ciudad es hermosa, por Carilda y por muchísimos músicos matanceros con lo que he grabado varios de mis discos. Tengo ya 17 trabajos y de ellos y en ocho de ellos aparecen artistas de esta ciudad como la chelista Felipa Moncada, Reynaldo Rodríguez fue el primer director de mi grupo, Niurys Naranjo una violinista fuera de serie a quien recuerdo con mucho cariño y que, desgraciadamente murió muy joven.

“Ella es una de esas almas bellas y luminosas que se van muy temprano y recuerdo su mirada, su familia y su música, el sonido de su violín y eso es también Matanzas para mí”.

Acompañaron a Liuba el Coro de Cámara, bajo la dirección del maestro José Antonio Méndez Valencia, el coro de la Escuela Vocacional de Arte Alfonso Pérez Isaac y la Orquesta Sinfónica de Matanzas, bajo la batuta del maestro Enrique Pérez Mesa.

“Acompañar a Liuba es un privilegio para cualquier director. He sido de los más favorecidos porque compartimos seis conciertos. Fue una gira preciosa, un regalo para la cultura cubana. En cada lugar donde se ha presentado es muy impactante su relación con los niños, la manera en que va a los hospitales oncológicos y le brinda esperanza a los padres de los infantes que allí permanecen y ese es uno de los gestos más hermosos de cualquier artista.

“Creo que es uno de los músicos más grandes de Cuba, una trovadora que ha seguido fiel a su estilo, con  una voz inconfundible, preciosa y una afinación excelente. Eso lo ha demostrado cantando con las orquestas porque no son todos los que saben hacerlo.

“Desde el primer concierto en La Habana, fabuloso, no ha habido sala que no se haya repletado como la de Matanzas. Esta es especial y la acogida del público fue impresionante. Si lo hubiéramos hecho en un lugar más grande la hubiéramos llenado igual, pero es muy lindo hacerlo en la sede de la orquesta, el lugar que tanto añoramos que abriera”.

¡Tantas veces había escuchado antes los mismos tangos que interpretó la cantautora! Pero en su voz melodiosa las notas suenan diferentes, se tornan de un color mágico como su travesía, el color de la travesía, del respeto y admiración.

“Yo creo que yo tengo mi espíritu por la calle Callao cuando dice: ¿no ves que va la Luna rodando por Callao? Te lo juro, cuando fui la primera vez a Argentina y caminé sus calles me parecía que ya había estado allí. Siempre esa música me movió algo y se fue instalando en mí. Mi afición por el tango, además de las excelentes películas argentinas, se la debo a mi mamá. Es un género que me emociona y me enamora”.

Liuba María Hevia, modesta y emocionada aún, resaltó el trabajo de la Orquesta Sinfónica de Matanzas, una formación joven que se vio, se apreció y se sintió grande en la Sala White.

“La orquesta está en un momento hermoso, llena de jóvenes y luces, de gente con ganas de hacer, con una salud tremenda. Yo estoy feliz y mucho. Me ha encantado todo. Ha sido un premio”.

Con la presentación en Matanzas, la autora de temas como Estela granito de canela, Ángel y habanera e Ilumíname, cerró la gira nacional con que celebró sus 35 años de vida artística.

“Tengo la sensación de haber empezado a trabajar hace uno o dos años. Una cosa es la edad que tiene uno en el rostro y en el cuerpo y otra es la que tiene en el alma. Yo sigo siendo la muchacha que fue al programa todo el mundo canta, la que en 1982 entró al movimiento de la nueva trova, sigo con los mismos miedos, el temor a hacerlo mal.

“Ha sido un camino que parece que empezó hace poquito pero que a la vez sé que ha sido largo. He estado cerca de personas muy queridas a las que les debo mucho mi carrera: mis maestros, mi familia y todos los músicos con los que he trabajado. Es una sensación del mismo susto de antes, de inicio, siempre de renovación y comienzo.

“Soy una mujer afortunada porque me dedico a lo que me gusta, vivo para la música, me desvelo cuando tengo conciertos y me obsesiono con mi trabajo. Es una suerte de adicción pues me resulta muy agradable. Estoy por grabar un disco que tengo pendiente con uno de los tres grandes compositores del cancionero infantil latinoamericano, Gabilondo Soler, que es el que me falta.

“Pienso seguir desarrollando mi labor en los sitios donde crea que es bonito y útil estar. Pienso en mi trabajo desde su función social, no como un adorno. Por lo menos en lo que a mí respecta, el arte es una manera de vivir.

“Para concluir estos 35 años ofreceré un recital en la Catedral de La Habana con la Banda Nacional de Conciertos el 15 o el 16 de diciembre.”  

Fue este un concierto de aplausos, de una sala colmada de personas ansiosas por disfrutar de la artista y la ternura reposada de su garganta, de los arpegios de su guitarra, de su autenticidad.

“Tengo la fortuna y la dicha, por los géneros a los que me dedico, llegarle a todo tipo de público especialmente a los niños y los ancianos. Simplemente porque los respeto y me gustan. Yo he hecho siempre lo que me agrada, no lo que está de moda o lo que funciona más. El concepto de la felicidad y el éxito para todas las personas es muy diferente.

“Primero he cantado lo que he querido y, por azares de la vida, ha coincidido con públicos muy diversos, de todas las edades. Los niños y los ancianos son mi prioridad por eso dedico tiempo a trabajar para ellos en barrios, hospitales, asilos.

“Es una labor que disfruto muchísimo sobre todo porque no va solamente a la zona artística sino también a la parte espiritual y me regocija, me renueva, me voy con una luz que no encuentro en otros escenarios”.

También fue un concierto de sonrisas infantiles, emociones convertidas en lágrimas, brillo en los ojos y agradecimientos infinitos para el público y para sus maestros.

“Hubo una época en la que se hacía una especie de audiciones. Los trovadores de renombre se reunían y uno iba y cantaba sus canciones. Para mí fue maravilloso entrar muy joven en la nueva trova. Los fundadores de este movimiento son mis maestros.

“Conocerlos y trabajar con ellos después fue también un premio porque era algo inesperado y un añadido a la admiración que ya yo sentía por ellos.

En mi carrera influyeron de manera especial los trovadores que marcaron toda mi generación: Silvio, Pablo, Amaury, Sara, Joan Manuel Serrat y en mi caso particular también me ha llegado mucho la música latinoamericana en exponentes como Violeta Parra, Atahualpa Yucanti, Chabuca Granda. Son varios cantautores y muy diversos, pero sin dudas la trova cubana.

“Luego, de manera contundente, Teresita Fernández. Ella es una referencia fundamental para mí, como músico y como ser humano.”

Esta ciudad, “nostálgica ahora sin Carilda” según la definió la declarada por la UNESCO Embajadora de Buena Voluntad, tuvo a bien entregarle el pergamino que la instituye como Hija Adoptiva de la Atenas de Cuba.




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