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Thursday 14 November 2019
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Matanzas “hace anclar las barcas por siempre en su mar”

Cuando Frank David Valdés encontró ante el Teatro Sauto una grúa que recogía escombros y quiso registrar el salto de embellecimiento de la ciudad por sus 325 años, guardó celosamente un poco de suelo de Matanzas que ahora acompaña el libro La ciudad que amo, de Loreley Rebull.
El joven artista de la plástica explica que el diseño integra imágenes de la escritora en diferentes etapas de su vida, combinadas con la urbe que se dibuja y reconstruye constantemente en las páginas que le permitieron otra vez colaborar con Ediciones Vigía.
Al taller del sello literario que se distingue por realizar libros con las manos, no pocos cubanos acudieron este sábado, Día de la Cultura Nacional, para regresar a casa con un volumen que constituye original expresión y contenedor de la identidad local.
La autora Loreley Rebull confirmó que 48 textos cortos ofrecen un homenaje a Matanzas en sus 325 años de fundada y en prosa poética alude a lugares emblemáticos, personajes disparatados y personalidades de las artes.
A Vigía, La ciudad que amo llegó de la mano de la editora Estela Ación, reúne artículos o crónicas breves publicadas en la década del 90 del siglo XX en el periódico Girón, es un libro lleno de nostalgia, recuerdos y amor, comentó Agustina Ponce, directora de la editorial.
En el libro están personajes como Sopla, La China, Picadillo…, porque construían o construyen el imaginario llevando un silbato, una risa, un espectáculo. Eso también hace a las ciudades -añadió Agustina. El diseño de Frank David contiene los colores verde y azul, porque Matanzas está surcada por ríos y acompañada por el mar, no podrían ser otros los tonos.
Asegura la editora Estela que La ciudad que amo es un libro escrito desde y para las emociones, no es la historia política de Matanzas llevada a una categoría estética, es solo el reflejo del ámbito social y cultural de una urbe que se esfuerza por recuperar el reconocimiento de antaño.
Temprano, justo en la página siete, el poema que da la bienvenida ancora la vista y mucho más:
“No son los puentes los que me atan a ti,
ni los ríos que arrastran la ciudad,
lentamente a su ruina.
No es la calma, el silencio de los domingos,
los muertos antiguos que me protegen,
mucho menos el color de tus paisajes,
el calor de los amigos, la risa de los niños.
Acaso son los recuerdos,
no sé bien si las nostalgias,
pero esta ciudad tiene algo que hechiza.
Y hace anclar las barcas por siempre en su mar.”



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