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Sunday 17 November 2019
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René Fernández Santana: “Matanzas es el alimento a mis emociones, a mis propósitos en el arte y en la vida” (+audio y videoclip)

Según reflejan los estudios científicos, la etapa del enamoramiento en una relación amorosa apenas dura entre dos y tres años. Pero poco comprende la ciencia sobre el sentimiento auténtico, trascendente, el que nace y se reafirma sobre cualquier dimensión humana y divina, ese capaz de mantener en vilo el espíritu por más que pase el tiempo.

El maestro René Alberto Fernández Santana, Premio Nacional de Teatro (2007) conoce bien de lo que es capaz ese tipo de amor vigoroso, impetuoso y delirante porque lo ha sentido en carne propia y, más allá, en alma propia.

A sus 74 primaveras el artista matancero alienta tres grandes pasiones en su vida. Una es su esposa Lea a quien, con una sonrisa amplia dibujada en los labios, describe como “una mujer con muchos encantos. Muy elegante, avizora, tierna, buena cocinera, más que maravillosa, insuperable”.

Otro gran motivo de su existencia es su teatro, “un teatro único (se emociona, suspira), un lugar que es heredero de grandes memorias y valores y se ha ganado un notable prestigio por el orden y el respeto que se respira en Papalote.

Pero, aun le alcanzan las fuerzas y las ganas para entregarse a otra gran dama que le roba los sueños y le excita los sentidos como ninguna otra que haya conocido antes o después. Su eterna enamorada, “Matanzas, el alimento a mis emociones, a mis deseos, a mis propósitos en el arte y en la vida”.

Los días de René Fernández Santana se parecen mucho a los de cualquier cubano de estos tiempos. Confiesa que le gusta caminar, disfrutar del paisaje, admirar las cosas hermosas de la vida.

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“Cuando salgo del trabajo voy a mi casa en el reparto El Naranjal. Como vivo un poco lejos por el camino trato de buscar lo que necesito: el pan, huevos, ensaladas, leche y de paso me entrego a las bellezas del sitio en el que, por suerte, me tocó nacer.

“Llego a mi casa con mis jabas, bebo un vaso de agua porque hay mucho calor y es muy sofocante coger una guagua. Mi esposa me prepara un café cortadito. La ayudo en las labores domésticas. Conversamos. A veces me pongo a escribir. Me gusta ver la televisión, sobre todo las novelas porque me divierto mucho con ellas. ¡Son tan absurdas y nos engañan tanto!”. Ríe a carcajadas como si fuera un niño que se jacta de su maldad.

En la ciudad de Matanzas conserva René sus mayores tesoros, los que no cambia por nada. “Yo tengo a mi familia aquí: mi hijo, mi compañera, mis hermanos, mi casa, mis amistades, este teatro, los vecinos”, enumera feliz y las palabras se visten con aires de victoria. Sonríe. Apunta los ojos hacia el infinito y se dispone a confesarme algo. Lo presiento. Disfruta hablar de sus bienes más preciados, recordar el verdadero sentido de su prolífera existencia.

 “Cada día Matanzas aviva más mi espíritu. Esta es una ciudad que enseña mucho. A través de ella se acrecientan mis vivencias más sensoriales. Bajas un puente, como hacía el poeta Milanés, y ves el río, desde cualquier parte de la ciudad observas la bahía que es un espectáculo maravilloso. Son instantáneas increíbles que me estimulan a seguir haciendo mi arte”.

“(…) desde cualquier parte de la ciudad observas la bahía que es un espectáculo maravilloso (…)”

De manera particular, ninguna de sus puestas en escena está dedicada a Matanzas; sin embargo, la urbe que lo vio nacer el 8 de abril de 1944 aparece imperturbable y palpablemente en toda su trayectoria como dramaturgo y director teatral. “Nuestra cultura es una gran diversidad de historia, nacionalidad y valores que se integran. En el día a día que compartimos vive la maravilla y de ahí parte mi obra. Trato de apropiarme de todas esas expresiones de la cultura y traerlas a nuestra identidad.

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“Me inspiro mucho en la realidad histórica y poética de mi ciudad, en el paisaje, la gente y su cultura. Desde las tradiciones afrocubanas e hispánicas defiendo la esencia de lo que somos. En mis piezas teatrales tienen un papel especial las aguas, tal vez atendiendo a que esta urbe se caracteriza por su bahía, por su mar y sus ríos.

“Este teatro está ubicado en el barrio de La Marina, un lugar donde confluye la herencia de las raíces afro, donde se siente latir el carácter de la cultura negra con vehemencia. Eso se refleja en todos los espectáculos que he trabajado en los que se manejan las repercusiones, lenguajes e influencias de la herencia llegada a esta tierra desde África. 

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“Por ello, aun sin mencionarla directamente, Matanzas está presente en cada una de las piezas que he escrito y dirigido. Sus personajes, la vegetación que en ellas se describe los paisajes son pequeñas estampas de la inmensa riqueza que se resguarda entre sus límites geográficos”.

Si algo no puede faltarle a este hombre que casi acaricia las palabras es este pequeño rincón del mundo donde ha edificado su reino. Papalote no es (y nunca ha sido) solamente su centro de trabajo.

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Aquí se encuentra una extensión de su hogar. “Cada momento que he vivido en Daoiz 83 son importantes para mi vida y la de los creadores que se han formado aquí. Este teatro es madre de todo lo que surgió después bajo su guía. Me ha ayudado a realizar mi obra, a ser quien soy.

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“Ha enfrentado grandes luchas comunes a las del pueblo cubano: nos hemos antepuesto a las mismas carencias y necesidades. Siempre recurrimos a nuestra tradición histórica, al espíritu de lucha y la resistencia que tenemos como un arma. El haber marchado siempre al lado de nuestro país ha sido también un logro de esta institución.

“La gente de aquí admira el teatro de títeres y, en parte, es gracias a que existe Papalote. Aquí viene mucho público, un público que ha evolucionado, que es exigente por la formación que tiene, por la sistematicidad, la calidad de este arte en Matanzas y las cercanías que comparte con la realidad social.

“Mi mayor desvelo es trabajar cada día para que este lugar especial no se enferme, para que no se contamine porque aquí vienen niños, familias enteras y merecen lo mejor que podamos ofrecerles y más”.

Desde las entrañas de su Papalote aprendió a amar a los títeres como a sus propios hijos. Me revela algunos de sus secretos mejor guardados. “El titiritero es un artista. Tiene que estar dotado de una gran sensibilidad y pasión desmedida, deben acompañarlo la ética, la Patria, ser sincero y consecuente con su trabajo. Es un mundo de entrega. Yo veo al títere más allá de una figura a la que le otorgas la capacidad del movimiento.

“El teatro para mí es muy rico, muy descubridor, no envejece y el títere es una cultura. Acudo a su naturaleza y a su verdad para llenar mis días. En su compañía siento mi cuerpo entero estremecerse todavía, luego de tantos años de trabajo. En el teatro hay que vibrar”.

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Fotografías, fragmentos de periódicos, destellos de luz cual memorias ausentes, instantes que se amontonan y de pronto se agitan. Fragmentos de vida que pasan ante su mirada tranquila. “En el teatro se vive mucho”, me dice el Maestro de Juventudes, “y muy rápido”. Casi alcanzo a ver una expresión de remembranza…y el rostro se le ilumina de pronto.    

“Esta siempre ha sido mi profesión. Cuando uno lleva una larga vida la memoria también es extensa. Hay momentos muy felices. Son muchos: obras que me propuse hacer, lo conseguí y tuvieron éxitos; logros de este teatro, crear un público asiduo y muy exigente, convertirnos en una gran familia, ser uno de los representantes de los inicios del movimiento teatral matancero, junto a Miriam Muñoz, luchar por mi institución, por mi obra que está muy vinculada a mi vida, a mi familia: un hijo y una esposa a los que adoro.

“No es que yo me sienta autosuficiente, pero mi labor ha sido muy reconocida como escritor, director, promotor, diseñador y eso es una felicidad. Cuando decidí ser parte de esta profesión juré que sería para toda la vida y así ha sido.

Su experiencia sobre las tablas ha sido la fuente de la que han bebido muchos teatristas; su vida, una escuela imprescindible. “Me interesa mucho formar a los niños, educarlos y que mientras aprenden se diviertan, se rían y disfruten.

“Fui fundador de la Escuela de Instructores de Arte de Matanzas, como profesor de Teatro para niños y de títeres. Algunos de mis alumnos están aquí y otros repartidos por el país y el mundo haciendo teatro. Los recuerdo con mucha intensidad.

“Por lo que representan dentro del movimiento titiritero nacional e internacional tengo que mencionar a Rubén Darío Salazar y Zenén Calero Medina, quienes luego desarrollaron su propio proyecto. Teatro de Las Estaciones tiene casi 25 años con excelentes resultados y los más importantes premios. Ellos constituyen una prolongación, la continuidad de mi obra y me siento complacido”.

Pregunto por su Premio Nacional de Teatro, el primero que se entregó a un artista de provincia y a un creador del teatro de títeres para niños, y advierto que intenta esquivar la interrogante.

Su humildad no le permite regodearse con algo que considera “un reconocimiento a mis maestros, a artistas que se han entregado al universo de los muñecos y ya no están; también representa un estímulo que dignificó la labor de muchos como yo y se convirtió en un símbolo para todos los titiriteros cubanos. Por eso también es un orgullo”.

Sin saberlo, René ha sido capaz de alumbrarme los caminos. Como los buenos maestros en poco más de cincuenta minutos me colmó de enseñanzas a manera de regalos de un abuelo que acumula tantas canas como ganas de amar, de compartir, de vivir.

Creo que la felicidad no radica en un acontecimiento determinado, sino que es un abanico de hechos que te alimentan el espíritu, la energía. La sabiduría que solo es capaz de engendrar el tiempo me ha llevado a amar más la vida que cuando tenía veinte años. Quisiera vivir más aunque sé que la vida es un tránsito”.

No puedo irme sin lanzar una última interrogante. Él la recibe, me mira con unos ojos en lo que cabe toda la ternura del mundo y, pausadamente, como si su vida pendiera de este momento, me estremece con su contestación.

“Matanzas es una ciudad privilegiada en el aspecto titiritero. Es un sitio maravilloso, desde los profesionales que aquí habitan hasta la cultura que se ha fomentado en cada rincón. Mi mayor satisfacción es mantener este teatro vivo durante más de medio siglo. Yo lo defenderé hasta que mi cuerpo ya no exista”.

Video Clip Sobre mi Pecho Matanzas, Orquesta Miguel Failde.

Publicado originalmente en Cubahora




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