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Sunday 17 November 2019
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Leones de papel

Mariela, una leona de seis meses de edad, nació en la manada del Parque Watkin

Mariela, una leona de seis meses de edad, nació en la manada del Parque Watkin

Al niño que fui le encantaba recortar animales de papel. Los tomaba de aquellas fotografías a todo color donde aparecían leones y otras fieras en poses de impacto, a veces devorándose entre sí, compitiendo, cuidando de los suyos, evadiendo el peligro, multiplicándose, enfrentados.

Hoy me avergüenza recordar que aquel cazador no solo mutiló revistas de naturaleza: también atacó con tijeras las páginas de un Larousse ilustrado, para convertir en trofeos tantas espléndidas imágenes del reino animal.

No recuerdo exactamente cuándo, pero al final se me quitó la manía de recortador en serie más o menos por aquel entonces en que decidí hacerme mayor –como si uno pudiera elegir lo contrario, a lo Peter Pan- y cambié juguetes por libros de Verne y de Salgari.

Más de 20 años después soy un tipo que en lugar de recortar fotografías se atreve a tomarlas, bien o mal, pero me siento niño de nuevo ahora ante una fiera de carne y hueso, cuando “posa” para mí una leona africana de seis meses de edad en el parque Waltkin, el microzoológico de la cubana ciudad de Matanzas.

Mariela aprovecha su rato en “libertad” para ejercitarse mientras juega

Mariela aprovecha su rato en “libertad” para ejercitarse mientras juega

Tengo que ponerle empeño para no sentirme como un trozo de carne mientras me miran con sus ojazos amarillos varios leones adultos tras los barrotes de una jaula, pero la tensión afloja un poco cuando los cuidadores dejan salir a jugar a Mariela, como todas las mañanas, para ejercitarse en el perímetro del recinto.

Cuando aquel cachorro corretea libre y salta a mi alrededor casi se me olvida que vine para escribir sobre sus parientes nacidos hace apenas seis días en la misma manada en cautiverio, dos tiernas bolas de pelo como elocuentes síntomas del llamado “baby boom” de la especie Panthera Leo en Cuba.

Estos cachorros nacieron en septiembre último y pertenecen a la segunda camada de este año. El acontecimiento da fe de la salud de la manada de leones africanos en el Parque Watkin

Estos cachorros nacieron en septiembre último y pertenecen a la segunda camada de este año. El acontecimiento da fe de la salud de la manada de leones africanos en el Parque Watkin

El parque Watkin es una burbuja rodeada del ajetreo urbano, donde habitan lobos cobardes, flamencos sin apuro, monos melancólicos o hiperactivos, adorables pecaríes de collar, una hiena con toda la pinta de estar ansiosa, gallinas japonesas que parecen de peluche, conejos, pavos reales, un gavilán, patos y carpas, y hasta un cebrasno, como le llaman al carismático mestizo de burro y cebra.

Casi de inmediato Mariela trepa, como es ya su costumbre, el murito de piedra pintada que luce una tarja fechada en enero de 1950, dedicada a la memoria de Thomas Watkin, “que en este lugar tuvo importante industria y amó a Cuba, como la aman sus hijos”.

La leona se pasea a sus anchas fuera de la jaula aunque dentro del perímetro del Parque, cada mañana antes de dar acceso al público

La leona se pasea a sus anchas fuera de la jaula aunque dentro del perímetro del Parque, cada mañana antes de dar acceso al público

En el momento de apretar el obturador, aquella escena de la leona por encima de la tarja me parece un guiño a Parque Jurásico, justo en el momento clásico en que el tiranosaurio reimaginado por Spielberg saca todo su carácter con el famosísimo letrero rojinegro en el fondo.

Se agolpan en la mente tantísimas referencias a nuestra obsesión con los leones: el Aslan de Las Crónicas de Narnia, el Graógraman de la Historia Interminable, El Rey León, el león de Nemea vencido por Hércules, el escudo de España, el blasón de la Casa Lannister en la saga Canción de Hielo y Fuego, el logo de la Peugeot…

Mariela lame unas briznas de hierba como lo haría un felino doméstico, pero cuando alguna se le escapa la recaptura entre unas garras hechas para abatir grandes herbívoros en las praderas del continente cuna de humanos y leones.

Para los trabajadores encargados de mantener el Parque Watkin, en la ciudad de Matanzas, jugar con el cachorro casi forma parte del trabajo

Para los trabajadores encargados de mantener el Parque Watkin, en la ciudad de Matanzas, jugar con el cachorro casi forma parte del trabajo

Uno de los trabajadores del zoo la tienta con un mazo de llaves, otro la invita a cazar una escoba, y a mi me cuesta no ponerme a jugar amagándola como hago a diario con mi gato.

“A los leones hay que conocerlos, desde que yo llego temprano y los veo ya se cómo tienen el día y si se puede jugar con ellos”, me dice Lázaro, uno de los encargados del Parque Watkin.

La leona Mariela, apenas un cachorro, durante sus paseos se acerca continuamente a la jaula donde permanece la manada

La leona Mariela, apenas un cachorro, durante sus paseos se acerca continuamente a la jaula donde permanece la manada

Otro empleado me explica lo básico de su técnica para acariciarle la barriga a un imponente león juvenil apodado El Bobo, cuya bocaza abierta me recuerda a una cueva enorme como la de Bellamar, con estalactitas y todo.

El parque Watkin, un tradicional espacio de recreo para la familia en la ciudad de Matanzas, fue remozado en 2017

El parque Watkin, un tradicional espacio de recreo para la familia en la ciudad de Matanzas, fue remozado en 2017

La especie Panthera Leo es “vulnerable” según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). En nuestro afán de emular su poder, terminamos arrinconando a estas bestias magníficas que en la época de las cavernas nos hicieron temblar con su sola presencia: es la vieja fábula del cazador cazado.

“Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador”, afirma el viejo proverbio africano tan citado.

Luego de adaptarse a mi presencia Mariela ya no me presta demasiada atención. Para ella debo ser una especie de mono peludo y chismoso. Sé que poco antes de abrir el zoo al público ella volverá a su jaula, y el paseo matutino se repetirá cada mañana mientras dure su etapa infantil, mientras resulte seguro.

Caminar junto a un león, aunque sea por un rato, es un regalo que me hace comprender como nunca antes nuestra responsabilidad como seres pensantes con la naturaleza. Pese a toda su fuerza pueden ser tan frágiles como aquellos animales de papel que yo coleccionaba en mi infancia.




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