El día sagrado

Los domingos son sagrados. El trabajo, “la pincha”, los inventos, las malas noches, las fiestas a deshora, los madrugones… son válidos para cualquier día que el calendario sentencie a la cadena que va de lunes a sábado.

Pero, los domingos…, desde el mejor hasta el peor de los hombres trata de pasarlo en calma, en casa, en paz.

Hay gente, por ejemplo, que poco o nada hace durante la semana. Hasta esos depositan cierta magia en el santo día para no dejarse perturbar por ningún agente externo de la sociedad.

Los planes del domingo cuentan, para su protección, de un sistema de alta seguridad que incluye facilidades como ignorar llamadas insistentes o decir a todos “me voy por ahí” cuando, en realidad, te reservas para la parsimonia de quedarte en el lugar de siempre sin hacer nada.

La cuestión no es cosa de ahora; hasta Constantino I, en el siglo IV después de Cristo, decretó al día de marras como jornada de reposo civil obligatorio. “En el venerable día del Sol, que los magistrados y las gentes residentes en las ciudades descansen, y que todos los talleres estén cerrados”, dictaba el emperador romano.

***

El 23 de noviembre de 1959 cayó lunes. Ernesto Guevara de la Serna andaba por una zona conocida como el Caney de las Mercedes. En el lugar se construía una ciudad escolar. El argentino dejó tirada su camisa en algún rincón y arrancó a trabajar sin esperar ni un peso a cambio de sus esfuerzos.

Cuentan los que lo conocieron que a partir de entonces al Che le dio por dedicar, con bastante frecuencia, sus domingos a trabajar de forma voluntaria. No solo él, los compañeros que compartían su faena profesional lo siguieron hasta los campos de caña, las fábricas, las recogidas de materia prima…

Había referentes históricos bien claros. Países como Japón se valieron del esfuerzo consciente de sus habitantes para avanzar en cuanto a lo económico y lo social. Cuba, que nunca ha tenido mucha más riquezas que el sudor de los que caminan sobre ella, resultaba el escenario ideal para desarrollar el paralelismo.

¿Qué mejor día que el domingo? Que caía entre lunes y sábado y ninguna empresa te bajaría el salario o amonestaría por faltar y emplear el tiempo en otras cuestiones.

***

Los domingos son sagrados, desde el mejor hasta el peor de los hombres desea disfrutarlos pero, aún en la Cuba del siglo XXI, hay gentes que lo pasan por alto y madrugan, trabajan, inventan, violando las normas preestablecidas por centurias y aportando al grado de sacralidad, quién dice que no, del bendito día.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *