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Thursday 21 November 2019
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Otra pérdida de la cultura matancera

Hace 37 años en Matanzas se entrega, mejor dicho, se entregaba, el Premio Vigía durante las actividades del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, un evento esperado por los amantes del séptimo arte y que tenía subsede en esta ciudad.

Ante la sorpresa de muchos espectadores por la tradición existente ya entre quienes de manera asidua asistían al encuentro y la advertencia reiterada de otros, este 2018 quedarán cerradas las puertas del centenario cine teatro Velasco y las salas de cine del territorio para los estrenos que ya anuncia la 40 edición del suceso cinematográfico más importante de Cuba. En Matanzas solo podrán verse propuestas de documentales y filmes de anteriores ediciones.

No podemos catalogar a este como un hecho ajeno o desconocido para la mayoría. Más bien en sus últimas entregas el Festival en Matanzas mostraba su vocación para convertirse en la crónica de un final anunciado, parafraseando a Gabriel García Márquez. Durante años las dificultades, la inestabilidad, la falta de recursos y de atención priorizada al tema, han contrastado con el orgullo con el que nos sabíamos protagonistas del evento como subsede durante más de 35 años.

Hemos sido testigos de los esfuerzos de la Dirección provincial de Cine por no dejar morir la subsede en Matanzas, de las gestiones de los organizadores, de los continuos viajes de Mario Rodríguez Naite en “botella” a La Habana para traer desde allá, en una mochila, las más novedosas propuestas cinematográficas y que los matanceros no se perdieran nada. Todo ello este año, tristemente, quedó en saco roto.

¿El motivo? La no existencia de la tecnología, costosa y capaz de soportar los modernos formatos y proyectar las películas, porque el mundo se desarrolla, el universo cinematográfico también avanza, pero nuestros equipos siguen siendo los mismos.

En ediciones anteriores la Dirección provincial de Cine alquilaba estos aparatos a particulares con el fin de que la población no saliera afectada, pero sus precios son cada vez más altos y actualmente no cuentan con recursos para financiarlos. Creo que sería más efectivo a largo plazo garantizar un presupuesto capaz de financiar el proyector del que, año tras año, hemos adolecido.

“Ojalá quienes tengan en el futuro la responsabilidad de que este Festival regrese al público de esta ciudad como en los últimos 36 años, tengan la voluntad cultural para considerarlo parte de nuestro patrimonio audiovisual”, expresó Mario Rodríguez Naite al periódico Granma en el año 2016. Parece que hubo oídos sordos a su reflexión.

Esperemos que no sea este el destino definitivo del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano en Matanzas, dada la trascendencia del  Premio Vigía, único lauro del certamen que se entrega fuera de la capital.

Que se convierta solo en el aviso doloroso de la irreparable pérdida, la cual significaría su desaparición permanente en tiempos cuando tanto se habla de la globalización neoliberal, de estándares impuestos desde todas las manifestaciones culturales y de la permanencia de ofertas banales, pero ampliamente difundidas, en el paquete semanal.

Matanzas no se puede dar el lujo de seguir perdiendo espacios en la cultura. El Festival Cubadanzón resiste, año tras año, ante la inexistencia de fondos económicos para su realización. Gracias a la cuestación de los danzoneros, quienes aportan los recursos imprescindibles de sus fatigados bolsillos, no ha desaparecido el más antiguo de los eventos dedicados al baile nacional en la Atenas de Cuba.

La cultura requiere de atenciones que van más allá de la capacidad creadora y organizativa de los artistas. Si no ponemos los pies en la tierra pronto estas y otras ofertas culturales de valor pasarán a ser letra muerta recogida solo en la historia de una de las ciudades que mayor movimiento cultural exhibió en otras décadas.




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