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Monday 23 September 2019
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Respiración que se extraña (+audio)

Un piano gran cola Laul Estonia integra hace poco más de una semana el patrimonio del teatro Sauto, Monumento Nacional. Durante el acto oficial de donación del instrumento que llegó desde Canadá a Matanzas, la maestra Hilda Elvira Santiago Novo se mostró radiante:

“Estoy muy agradecida porque pensaran en mí para ser la primera persona en tocar el nuevo piano y la primera en tocar en Sauto después de reparado, es un doble honor, aunque no tenga al público del lado habitual”, afirmó la artista sobre el escenario, donde también colocaron las sillas para los espectadores.

“La última vez que toqué en el teatro fue hace más de diez años, cuando hice el triple concierto de Beethoven con Felipa Moncada e Irina Vázquez, poco después cerró.

“Sin el Sauto Matanzas está limitada, hay agrupaciones que no pueden venir porque no cuenta la ciudad con otro coliseo de dimensiones y condiciones similares. Han venido a Cuba conjuntos de otros países y han seguido de largo por el viaducto, directo a La Habana porque la Sala White es relativamente pequeña. Hay artistas que tienen un poder de convocatoria muy fuerte y requieren un lugar abierto. El ballet y el teatro necesitan al Sauto.”

Más de cinco décadas de experiencia profesional respaldan la destreza de Elvira Santiago como profesora, asesora cultural, compositora e intérprete del piano. La Maestra reconoció la belleza que ahora exhibe el teatro ubicado en la Plaza de la Vigía, inmueble en fase final de la mayor y más completa reparación capital de su historia.

“Está hermoso”, dijo.

“A mí me encanta tocar en el Sauto –afirmó Santiago-, es impresionante, porque cuando sales al escenario sientes del lado de allá, en la oscuridad, como un animal dormido, una respiración, una sola, que espera a ver qué pasa. La sensación es muy bonita, impresiona, pero es muy gratificante.”

Poco fue el tiempo para preguntas, pero es necesario conocer los proyectos actuales de los artistas talentosos y Elvira respondió: “Ahora, estudio y preparo algo, quizás para el año que viene. ¡Ya casi nadie me invita a tocar! Tengo la Sala White al doblar de mi casa, a veces voy a pedir fecha y está ocupada, por eso ya no pido nada.”

En breve se escuchó la voz del Laul Estonia. Después, aplausos y flores para Elvira. Todos sobre el escenario. En la platea: luces encendidas, sillas protegidas con mantas, no hubo animal dormido, ni una sola respiración; esperemos que no por mucho tiempo más.




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