Search
Thursday 19 September 2019
  • :
  • :

La consigna

Gritadas desde lejanos micrófonos, percuten en los oídos. Algunas, muchas, casi todas… rozan lo irrisorio. Las consignas, frases reaprendidas y requeterrepetidas, maquillan la marcha, la visten, la matizan…

Es difícil explicarle al consignero que lo que hace tiene efectos contrarios a los deseados por él mismo; un harakiri cargado de inocencia quizás, pero letal al fin. La sobresaturación con más de lo mismo no es una enfermedad del que escucha, sino un mal provocado por la incoherencia e insensibilidad del que habla, proclama, lee y escribe –roles en ocasiones repartidos.

La masa –rica, variada, multifacética– no sabe dónde está el gritón de marras y, mientras tanto, las bocinas fusilan desde todas partes. La gente se enfurece a veces; hay frases tan ridículas y fuera de lugar que pareciera que intentan convertir una manifestación luctuosa en una fiesta.

Eso de “¿Dónde está la facultad de esto, la universidad de lo otro?”, “¡No escucho a los que vienen de no sé dónde!”, “¡Mano pa´arriba los que están aquí alante!”, no cabe en días en los que el dolor, la indignación, el respeto o lo más lúgubre del sentir fungen de fuente y motor.

La consigna, prima hermana del lema, gastada como el más común de los lugares, resulta pastilla mansa en apariencia, pero no es más sana que el cigarro o el alcohol. Poco a poco va embriagando y creando adicción. A unos les provoca ataques de risa y en otros germina una dependencia que acaba dando gracia también.

Su problema es que tiene un corto tiempo de vida aprovechable: allá en el remoto espacio y en las precisas condiciones en que nació cada una. Son lemas paridos desde la brillantez y profanados por crímenes de lesa originalidad.

Ya por ahí existen oídos avanzados. Organismos que han sabido evolucionar y la obvian, la minimizan, se centran en la causa primigenia que los convoca y, sin mucha alteración, llegan hasta el final de la marcha. Dichosos.

Otros le tienen hecha la cruzada. Andan con su arma en la mochila para cuando le aparezca en el camino. No dudan en blandirla a todo volumen, a toda bocina, con canciones –cuando llegan a la categoría de canción en el mejor de los casos– de reggaetón, rock del duro y melódico, trap y hasta baladas de dudosa procedencia. Ahí van, en plena marcha, metidos en un “canal”, fajados.

Hay quien llega por primera vez a un acto de estos. Vírgenes en las lides casi maratonales del vertiginoso mar de cabezas, pasos, pulóveres, colores, banderas…, semejante a una serpiente que se escurre por la ciudad y se deshace al arribar a su destino.

Esos primerizos, tan heterogéneos en sí como la marcha toda, quizás hayan llegado advertidos o vacunados contra la consigna; ya habría, entonces, un trozo de la guerra ganada. Pero, tal vez no fue así y los engañaron y les dijeron, con la venenosa lengua de quien todavía no entiende nada, que para eso están ahí, para gritar y repetir.

La consigna, asegura una amiga desde su picaresca brillantez, tiene los días contados. Donde quiera que llega lo afirma. Va de grupo en grupo, de mente en mente, preparando la atajada final. A mí también me vino a convidar.

El levantamiento será pronto. Saldremos a la calle, con carteles y pañuelos, todos bajo el grito, reiterado hasta que la garganta aguante, de ¡Abajo la consigna! Ya veremos cuánto dura.



Estudiante de Periodismo


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Mostrar Botones
Ocultar Botones