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Thursday 19 September 2019
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Un pueblo engrandecido por sí mismo

Marcha por el 1ro de Mayo, en la Plaza de la Revolución

Honor y gloria eterna, respeto infinito y cariño para los que entonces cayeron para hacer posible la independencia definitiva de la Patria; para todos los que escribieron aquella epopeya en montañas, campos y ciudades, guerrilleros o luchadores clandestinos, a los que después del triunfo murieron en otras misiones gloriosas, o entregaron lealmente su juventud y sus energías a la causa de la justicia, la soberanía y la redención de su pueblo, a los que ya murieron y a los que aún viven (…).

Aún hoy, para las generaciones más nuevas, la Revolución apenas comienza (…).

El pueblo de ayer, analfabeto y semianalfabeto, sin apenas una verdadera y mínima cultura política, fue capaz de hacer la Revolución, defender la Patria, alcanzar después una extraordinaria conciencia política e iniciar un proceso revolucionario que no tiene paralelo en este hemisferio ni en el mundo.  Lo digo no por ridículo espíritu chovinista, o con la absurda pretensión de creernos ser mejores que otros; lo digo porque la Revolución que nacía aquel Primero de Enero, quiso el azar o el destino que fuese sometida a la más dura prueba a la que haya sido sometido proceso revolucionario alguno en el mundo (…).

No es mejor que otros nuestro pueblo; su inmensa grandeza histórica deriva del hecho singular de habérsele sometido a esa prueba y haber sido capaz de resistirla.  No se trata de un gran pueblo de por sí, sino de un pueblo engrandecido por sí mismo, y su capacidad de hacerlo nace de la grandeza de las ideas y la justeza de las causas que defiende.  No hay otras iguales; no las ha habido jamás.  No se trata hoy de defender con egoísmo una causa nacional; una causa exclusivamente nacional en el mundo de hoy, no puede ser por sí sola una gran causa; nuestro mundo, como consecuencia de su propio desarrollo y evolución histórica, se globaliza de manera rápida, incontenible e irreversible. Sin dejar a un lado identidades nacionales y culturales, e incluso los intereses legítimos de los pueblos de cada país, ninguna causa es más importante que las causas globales, es decir, la causa de la propia humanidad (…).

El pueblo (…) avanza incontenible hacia sus metas, igual que los combatientes de Camilo y el Che de la Sierra Maestra al Escambray.  Como dijo Mella, todo tiempo futuro tiene que ser mejor.  Comprobémoslo en las metas que nos hemos trazado (…). Consolidemos y profundicemos, trabajemos, luchemos, combatamos con el espíritu con que lo hicieron nuestros heroicos compatriotas en Uvero, en los días gloriosos de la gran ofensiva enemiga, en las batallas y en los hechos que hemos recordado hoy.  Ya dejamos atrás el revés de Alegría de Pío, pasamos por Cinco Palmas, ya hemos reunido fuerzas, ya somos capaces de vencer como 300 vencieron a 10 000, ya somos mucho más fuertes, ya estamos seguros de la victoria (…).

La batalla de hoy es dura y difícil.  En la guerra ideológica, como en las contiendas bélicas, se producen también bajas.  Los tiempos duros y las condiciones difíciles no todos tienen el temple necesario para resistirlos.

Les recordaba hoy que en medio de la guerra, bajo los bombardeos y sufriendo todo tipo de privaciones, de los jóvenes voluntarios que ingresaban en la escuela, uno de cada diez lo soportaba; pero ese uno valía por diez, por cien, por mil.  Profundizar en la conciencia, formar carácter, educar en la dura escuela de la vida de nuestra época, sembrar ideas sólidas, utilizar argumentos que son irrebatibles, predicar con el ejemplo y confiar en el honor del hombre, puede lograr que, de cada diez, nueve permanezcan en sus puestos de combate junto a la bandera, junto a la Revolución y junto a la Patria.

( Fragmentos del discurso pronunciado por el líder histórico de la Revolución Cubana en el acto central por el aniversario 40 del triunfo de la Revolución, efectuado en el Parque Céspedes, Santiago de Cuba, el día 1ro. de enero de 1999)

  • Granma/ Foto: Ariel Cecilio Lemus


Líder histórico de la Revolución Cubana. A lo largo de los años de la Revolución ha impulsado y dirigido la lucha del pueblo cubano por la consolidación del proceso revo­lucionario, su avance hacia el Socialismo, la unidad de las fuerzas revolucionarias y de todo el pueblo, las transformaciones económicas y sociales del país, el desarrollo de la educación, la salud, el deporte, la cultura y la ciencia, así como el enfrentamiento de las agresiones externas y la conducción de una activa política exterior de principios.


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