Ella conoce de historia

Caridad había sido una niña con poca infancia, dedicada al trabajo doméstico desde muy temprana edad, así como dicen, casi de criada; y a pesar de que la esclavitud se eliminó en 1886, esta cubana en el año 1950, con solo diez años se vio forzada al trabajo, no sabía leer, ni escribir, tampoco conocía de derechos ni deberes, dicen que un pueblo inculto es más fácil de dominar.

El ocho de septiembre de 1940 nació una linda bebita de apenas cinco libras en el hospital de Jovellanos, vestía como una reina, pero en verdad, abrió los ojos como plebeya. Alimentada del seno de una familia de servidumbre, sus padres le habían conseguido algunos atuendos del patrimonio de los pequeños de la casa donde limpiaban.

Caridad escuchó por varias generaciones cómo se lavaba bien la ropa, cómo se debía secar el piso y cómo almidonar y planchar los buenos trajes, pero no fue hasta su cumpleaños 22 cuando descubrió su nombre en un papel y lo que decían las cartas que por varios meses estuvieron acompañadas de rosas. Desde entonces decidió instruirse, luchar por ella y su futuro, estudió un técnico medio y se abrió camino.

Al mismo tiempo en que iba progresando, su amiga Lázara, que perdió los padres cuando más los necesitaba recibió un apartamento para compartir con sus siete hermanos, así ya no tendría que dormir donde le agarrara la noche.

Cary, como cariñosamente le llaman, escuchó las quejas de algunos ricos explotadores porque perdieron tierras y las alabanzas por las parcelas recibidas a quienes entregaron su juventud y ahora tenían cayos y arrugas por el sereno y el sol que día a día mojaban y quemaban sus espaldas.

También vio personas vivir, más de las que vio morir por falta de asistencia, porque no tenían recursos para una consulta o una medicina, los médicos de la calle y las ciencias ocultas resultaban menos caros; sin embargo, a veces no podían resolver todos los problemas.

Y Caridad le contaba esas historias a sus hijos, como si fueran cuentos de cuna, quizás por eso casi nunca lo creyeron o lo tomaron muy en serio; ellos crecieron con todos los cambios, heredaron una vida que no fue regalada sino ganada.

Pero Cary no olvida y eso le molesta a la gente, la tildan de refunfuñona (peleona), de amargada porque casi siempre discute con alguien, porque habla poco con Lázara, su amiga del alma, de quien los doctores aseguran que está en perfecto estado físico y mental, no obstante Caridad prefiere pensar que tiene Alzheimer.

A Caridad muchas veces se le salen los colores porque defiende lo que vivió, lo que sintió en carne propia, lo que contribuyó a transformar, porque sabe que este país no es perfecto, ninguno lo es, pero aquí se ha conquistado en seis décadas lo que en otras naciones ha tomado cientos de años, porque ella sabe que hay muchas cosas que se pueden cambiar pero destruyendo con palabras no va a ayudar en nada.

Caridad no es ciega, ni cierra los ojos para ver con el corazón, solamente quiere que le brindes tu mano, y la de tu familia y la de tus amigos y que juntos ayudemos a los que elegimos para que Cuba sea mejor.

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