Leerse a Pablo y tomar postura

El periodismo de Pablo de la Torriente Brau carece de imparcialidades y de falsos intentos de objetividad. Foto tomada de linkgua-digital.com.

Leerse a Pablo resulta, en principio, sospechar que el periodista –el hombre– nuevo, sencillamente, puede ser. Es encontrar, casi un siglo después, el optimismo y la tenacidad de quien confió en la palabra como una herramienta eficaz para llegar a la acción.

«No creo en la imparcialidad. Porque, probablemente, sin pasión no hay verdad.», expresaba en su crónica La revolución Española se refleja en New York, un texto que la revista Bohemia, pagó pero no se atrevió a publicar.

Pablo de la Torriente Brau no había cumplido sus 35 años cuando partió desde su segundo exilio –en la Gran Manzana– hacia las tierras de la República traicionada. Había iniciado la mal llamada «Guerra Civil».

Este gráfico muestra la evolución de la Guerra Civil en España. Tomado de gifex.com.

«Acércate a los izquierdistas de la colonia española allá [Cuba] y pídeles informes reales sobre la actitud de los funcionarios de la Embajada, quiénes son saboteadores, quienes arribistas, quiénes cabrones y quiénes revolucionarios», le solicitaba a su amigo Adolfo (Raúl Roa) antes de viajar.

«¿Qué tiene que hacer Pablo en España?», cuestionaron los principales intelectuales de la época, como quienes temen perder al cuadro más preciado de una colección millonaria de arte. Y él se fue con la justificación de contar lo que acontecía –y lo hizo–, pero terminó empuñando los fusiles y enarbolando las banderas de los guerrilleros.

Las principales crónicas de Pablo en España fueron recogidas en este libro. Foto de articulo.mercadolibre.com.ar.

«[…] ya que estoy aquí debo contarte cosas de estos días. Por lo pronto, mi cargo de Comisario de guerra con Campesino, acaso sea un error desde el punto de vista periodístico, puesto que tengo que permanecer alejado de Madrid por más tiempo del que debiera, pero, para justificarme plenamente, comprenderás que había que abandonar toda posición que no fuera la más estrictamente revolucionaria de acuerdo con la angustia y las necesidades del momento», le escribía a su amigo Jaime Bofill, en Nueva York.

Su comprometimiento a fondo en Europa no le hacía perder el hilo de lo más trascendental que acontecía en las tierras de América. Al propio Bofill le decía en una misiva:

«Recuerdos a todos aunque ninguno se acuerde de mandar una línea. Nada he sabido de la Conferencia de Buenos Aires ni de los últimos sucesos americanos. Y de Cuba, noticias políticas, ni jota.»

Pero, hay que leerse sus crónicas y cartas, interpretar las cosas que dice y siente, escrutar el punto desde el cuál reportaba, su postura. La amplia gama de las historias que relata van desde un alto dirigente de partido hasta la madre que asalta, revólver en mano, una iglesia para rescatar a su hijo.

Este libro, publicado en 2005 por Ediciones La Memoria, recoge otras crónicas de España, además de las publicadas en Peleando con los Milicianos. Foto del autor.

Solo leyendo a Pablo, el polemista de parapetos y diarios, podremos entablar una burla con base sólida hacia los que intentan convencer a un reportero para no tomar partido, para que escriba con «objetividad», para que se limite a lo que sucedió, a la letra fría.

No es posible y, de ser posible, no es funcional. Porque lo mismo en política, en la guerra o en un juego de pelota… hay que decantar posturas.

Ya lo tengo decidido: quiero ser como Pablo.

«No te escribo más por hoy. Hasta la próxima que será pronto.»

                                          Tomada de youtube.com

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