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Monday 23 September 2019
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Cinco dones de Matanzas para salvar del olvido

Balcón de Jáuregui: un símbolo de la ciudad de Matanzas, tal vez uno de los más maltratados, con una curiosa anécdota en torno a su construcción. Fue inaugurado el 30 de noviembre de 1946 gracias a la iniciativa del Patronato Municipal Pro-Calles de Matanzas, una organización comprometida con el arreglo de los viales en la localidad. En la calle de Jáuregui esquina a Zaragoza existía un desnivel que impedía unir ambas arterias y la solución fue erigir un balcón a lo ancho de la cuadra, muy apreciado como un sitio para hacer un alto y contemplar el entorno.

Una tarja “in situ” recuerda que los niños de las escuelas públicas y privadas de la urbe donaron monedas de su merienda para edificar el icónico balcón. El lugar resulta rápidamente identificable por la calle de escaleras que conduce hacia una emblemática ceiba, donde los creyentes depositan ofrendas religiosas. Lamentablemente creyentes y no creyentes también depositan allí desechos urbanos.

Casas quintas: la ciudad está salpicada de estas viviendas patrimoniales, muchas construidas con exquisito gusto, que atraen de inmediato la atención del transeúnte. Varias fueron erigidas en lugares altos para ofrecer una panorámica más espectacular de la región conocida por su belleza paisajística. Cuando uno se remite a viejas fotos de época se nota que estas viviendas majestuosas conocieron días mejores. Según la doctora Alicia García Santana en su ya clásico libro Matanzas: La Atenas de Cuba, en la segunda mitad del siglo XIX se adoptó en la urbe neoclásica ese nuevo tipo de vivienda, el de la casa quinta o chalet, con portales sostenidos por columnas y patios porticados.

Calles de escaleras: Matanzas es la ciudad con la mayor cantidad de calles de escaleras de Cuba. Tal vez se encuentren entre uno de los elementos más ignorados del paisaje urbano de la primera ciudad moderna de la Isla. Su presencia tiene mucho que ver con un terreno donde abundan las elevaciones. Una de esas calles de escaleras, la de Jesús María, destaca entre las más largas de Cuba, con sus 137 peldaños, once descansos y diez jardineras. La escalinata de Jesús María y la de Jáuregui se ubican a ambos lados del microzoológico Parque Watkin.

Cueva de La Campana: Quien se llegue a conocer Matanzas no debería negarse a sí mismo el placer de apreciarla desde las alturas de la barriada de Simpson, inmortalizada en el mítico primer danzón (baile nacional de Cuba y originario de esta ciudad). La mayoría de los visitantes suben en busca de las espectaculares vistas que envuelven a la Ermita de Monserrate, construida en la Loma del Estero por los catalanes en el siglo XIX, y pasan de largo junto a la Cueva de La Campana.

La caverna fue muy visitada por los lugareños desde el siglo XVIII, razón esgrimida por la investigadora Silvia Hernández Godoy en su libro Patrimonio arqueológico aborigen de Matanzas, para afirmar que se le considera el “primer sitio turístico” de la región. (Si, leyeron bien, antes que la Cueva de Bellamar, la cual es el sitio turístico más antiguo aún activo de Cuba). La Cueva de La Campana o de Simpson, donde también se hallaron entierros primarios de aborígenes y pictogramas, fue visitada por el obispo Díaz de Espada en 1804, quien plasmó sus impresiones en un texto considerado luego como el primer relato espeleológico escrito en la Isla.

Teatro Principal: su fachada es todo lo que queda de la edificación situada en la calle Manzano entre Ayuntamiento y Jovellanos, en la ciudad de Matanzas. En su escenario se representaron obras como El Conde Alarcos, del poeta romántico matancero José Jacinto Milanés. Abrió sus puertas en 1830 y cerró hace más de siglo y medio. A pesar de su modesta factura fue el primer teatro de la localidad donde anteriormente solo había escenarios improvisados. Entre otras figuras del arte, en el Principal brillaron el violinista cubano José White, el pianista norteamericano Luis Moreau Gottschalk y la bailarina clásica austríaca Fanny Elssler, pero al final la pequeña sala acabó opacada por el majestuoso teatro Esteban (hoy Sauto).

  • Fotos de Abel López Montes de Oca




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