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Monday 23 September 2019
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Una Luz en la manigua

¿Quién fue María de la Luz Noriega Hernández, la capitana del Ejército Libertador que recibió elogios del mismísimo Antonio Maceo por su destreza en combate? ¿Qué sabemos realmente de la brava mambisa cuyos restos acaban de ser identificados en el cementerio de la cubana ciudad de Matanzas? He aquí lo que nos dicen algunas fuentes sobre esta patriota del siglo XIX.

A la mayoría de los cubanos ni les suena el nombre de María de la Luz Noriega Hernández. Más allá de alguna referencia fugaz, casi siempre en boca de entendidos, ella está casi ausente de nuestro imaginario colectivo y es una pena porque en su vida puede hallarse un ejemplo rotundo de mujer y revolucionaria.

El Diccionario Enciclopédico de Historia Militar de Cuba le dedica una de sus 715 fichas biográficas de cubanos y extranjeros, incluidos militares y demás figuras relevantes para las gestas independentistas en la Isla.

Su nombre, acompañado de una apretada semblanza, aparece en el tomo primero de la obra que menciona solamente a 17 mujeres, entre ellas once con grados militares, incluida una decena de capitanas y una comandante.

Según el citado Diccionario, María de la Luz Noriega Hernández nació –no se sabe cuándo- en la provincia de Pinar del Río. El texto informa que se unió a la columna invasora en los primeros días de enero del año 1896. “Fue experta en el manejo de las armas, por lo que a pesar de prestar servicios como enfermera, varias veces combatió como un soldado más”, refiere el libro.

El conocido periodista cubano Ciro Bianchi, en el sitio web del diario Juventud Rebelde, reseña que el Mayor General Antonio “Maceo vio pelear a la capitana Luz Noriega y le causó tal admiración que le llamó La Reina de Cuba. Luz, junto con su esposo, el médico Francisco Hernández, se había sumado a la tropa invasora a su entrada en La Habana.

“Después de operar en territorio habanero pasó a la provincia vecina y vio izar la bandera cubana en el Ayuntamiento de Mantua, el más occidental de la Isla. Siguió Luz de operaciones en Pinar del Río y pasó luego a Las Villas”, detalla Bianchi.

De vuelta a las páginas del Diccionario Enciclopédico de Historia Militar de Cuba, leemos que Luz: “quedó prestando servicios como enfermera en un hospital de campaña, en la finca de Jicarita, Matanzas, para acompañar a su esposo, médico del EL [Ejército Libertador] que había enfermado de gravedad. Una patrulla española dio muerte a su compañero, y a ella le hicieron prisionera y la remitieron a Isla de Pinos, donde sufrió maltratos.

 “Cuando le dan la libertad ella se reintegra al Ejército Libertador”, explica a la prensa el médico forense y antropólogo Ercilio Vento Canosa, Historiador de la Ciudad de Matanzas, quien aporta otro fragmento al mosaico de esta historia.

Precisamente Ercilio fue quien identificó recientemente los restos de la mambisa entre los más de 200 veteranos de las luchas libertarias en Cuba –la Guerra de los Diez Años (1868-1878) y la Guerra Necesaria (1895-1898)- que reposan desde el año 1916 en el Cementerio de San Carlos Borromeo.

“Ella vuelve a casarse con un individuo que era coronel del Ejército (su nombre era Yáñez Martínez)”, dice el sabio matancero tras comprobar la identidad de la patriota gracias a su cráneo y un fémur.

Se habla de que María de Luz intentó rehacer su vida tras volver a la manigua aunque con la salud gravemente quebrantada. Por razones hasta hoy ignoradas acabó suicidándose el 16 de agosto del año 1901.

“Esta es una historia que es desconocida”, afirma Ercilio y apunta que a su juicio la verdadera muerte es el olvido.

En una de las tarjas de mármol ubicadas en el interior de la capilla octogonal de la necrópolis matancera donde reposan los héroes de la independencia, aparecen solo dos nombres de mujer, entre estos el de la “señora Luz Noriega de Hernández”.

Mujeres como María de la Luz se entregaron a la causa de la libertad con igual fervor que sus pares varones, soportaron las penurias de la vida en campaña y en lo más crudo de los combates no fueron meras espectadoras, sino protagonistas.

Conocer sus identidades, sus historias de vida, es apenas un paso para honrar a féminas como la capitana Luz Noriega, “la Reina de Cuba”, rebelde exponente de un sexo que jamás ha sido débil.




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