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Monday 23 September 2019
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Onelia Nuñez y su gran amor por el béisbol

Por la avenida principal del cementerio San Carlos Borromeo, de la ciudad de Matanzas, en la parte izquierda y cercana a la Capilla, existe una pequeña explanada con una plataforma que tiene en su centro un apartado rectangular con una placa grabada y encima un pedestal sobre el que descansa una pelota de béisbol.

La construcción de ese alegórico lugar estuvo a cargo de un grupo de miembros de la Peña Deportiva Parque de la Libertad, con ayuda financiera de otros fanáticos y deportistas de la ciudad de Matanzas.

Quizás una gran parte de los visitantes a la necrópolis, que no se han acercado al lugar, piensen que ahí descansan los restos de algún pelotero famoso del territorio, algo alejado de la verdad, ya que ese espacio pertenece a Onelia Núñez, reconocida como la aficionada número uno del béisbol matancero.

El historial de Onelia como activista beisbolera abarcó más de 60 años de apoyo a los equipos de la provincia, desde 1940, apenas con 27 primaveras, en una época en la que pocas mujeres asistían a presenciar estos espectáculos.
Destaca además en su trayectoria el haber sido parte del grupo opositor Pro-Estadio para evitar fuera parcelado el Palmar de Junco, a mitad de los años 40 del siglo pasado y también en los 50, en plena dictadura de Fulgencio Batista.

Nació en Unión de Reyes el 6 de enero de 1913 y vivió desde pequeña con una hermana en la calle San Rafael entre San Luis y Monserrate, en el barrio de Pueblo Nuevo, en Matanzas, lugar cercano al estadio Palmar de Junco, al que escapaba para ver competir a las principales figuras amateurs y profesionales de esos años.

Desde el inicio del Deportivo Matanzas, en los campeonatos de la Unión Atlética Amateur, no dejaba de asistir a los enconados encuentros del famoso equipo, campeón nacional en las temporadas de 1943 y 1945, donde militaban peloteros de gran nivel como Sandalio Consuegra, Rogelio “Limonar” Martínez, Ángel “Catayo” González, Gaspar Pérez, padre, Derubín Jácome, Rouget Ávalos o Ángel Fleitas. Ella reconocería posteriormente que esa fue la etapa en que comenzó a enamorarse del béisbol.

Ya al triunfar la Revolución en 1959 continuó asistiendo al Palmar de Junco y al Victoria de Girón con más bríos y tuvo la oportunidad de estar presente en los tres campeonatos nacionales alcanzados por Henequeneros y los dos de Citricultores.

Como ser humano, la recuerdan sus vecinos como una mujer sencilla y afable, siempre dispuesta a servir al necesitado y que trataba a los niños y jóvenes con una deferencia especial, quizás por aquello de que no pudo ser madre.

Algo que siempre recuerdan los jugadores de diferentes épocas de esta afectuosa mujer, aparte de su apoyo y aplausos, eran los caramelos que regalaba a cada uno antes de los partidos, algo a lo que no escapábamos la mayoría de las veces los narradores y periodistas.

Con toda razón el destacado maestro de la narración deportiva, ya desaparecido, Eddy Martín, quien la conocía desde la etapa del Deportivo, la nombró como la “aficionada número uno de Matanzas”, algo que la marcó para siempre.

Al fundarse la peña deportiva Parque de la Libertad fue de las primeras en inscribirse como miembro activo. Con esa Peña recorrería muchas provincias detrás de los equipos matanceros, incluyendo los últimos triunfos del Henequeneros, bajo la dirección de Gerardo “Sile” Junco, en Santiago de Cuba (1989-1990) y Camagüey, en la temporada siguiente.

Luego de inaugurado el estadio Victoria de Girón, en 1977, aunque más lejano de su hogar, seguía diariamente ocupando su asiento de peñista sobre el banco de los equipos matanceros en tercera base, hasta 1994, aproximadamente.

El colega Jorge Cantero, del periódico Girón, escribió un día después de la muerte de Onelia, ocurrida el 24 de abril de 1995: “pese a lo incongruente por el desarrollo, creo que su muerte comenzó a nacer junto con el Victoria de Girón. Atrás quedaban sus sueños juveniles del Palmar de Junco. Ya la distancia a recorrer no era igual, como tampoco sus años.”

En la despedida física a esta novia del béisbol matancero recuerdo la presencia del equipo Matanzas, que luego de entrenar en el estadio, acudió en pleno al cementerio en representación de las distintas generaciones de peloteros a darle el último adiós y a verter una lágrima sobre su tumba.

No podía ser de otra manera porque el ejemplo que sembró Onelia Núñez se mantiene indisolublemente unido al béisbol matancero de ayer y de hoy.



Comentarista-narrador deportivo en Radio 26. Matanzas. Cuba. Vive en Matanzas


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