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Monday 23 September 2019
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El poeta borracho y el holandés volador

No por viejo deja de surtir efecto el recurso de proyectar en el prójimo nuestras propias faltas. En la cuerda de esta “lógica” el otro siempre es el idiota, el raro, el loco, el fuera de lugar, el feo, el inmoral, el malo…

Colocar la botella de alcohol ya vacía en una mano de la estatua del poeta, la del matancerísimo José Jacinto Milanés situada en el céntrico Parque de la Catedral, debió requerir un supremo esfuerzo de concentración para aquel borracho anónimo. ¿Cosas de muchachos?

Uno casi puede imaginarse el tipo (o tipa, porque aquí no discriminamos) fallar intento tras intento luchando contra la falta de coordinación muscular y el mareo hasta ¡por fin! lograr el efecto de la mano de bronce que sostiene una botella como si el bardo acabara de darse un trago.

Es tan ridículo como suena, pero muy real, como pueden atestiguar quienes encontraron recientemente la estatua del poeta romántico otra vez profanada en una patética escena fotografiada, compartida y comentada Facebook mediante. Otra raya para el tigre, como decimos en Cuba.

Pobre de Milanés, con su alma de tórtola amable, con su vida sin manchas, encarnado en el bronce y tantas veces ofendido por los hijos malos de una buena ciudad.

Cuesta creer que en Matanzas, la ciudad de los puentes, los ríos y los poetas, la Atenas de Cuba, haya gente tan poco ligada a la memoria del terruño y de la Isla toda, tan insensible al daño autoinfligido a su propia raíz.

En lo que se adivina como una racha de maltrato contra el patrimonio, otra más, le tocó lo peor a la estatua del marino holandés Piet Heyn ubicada desde 1998 en las márgenes de la bahía de Guanima.
Vandalismo o no –el caso se investiga- lo cierto es que la pieza de bronce apareció en el suelo liberada de su anclaje que, desde 1998 hasta ahora, había aguantado más de un temporal.

A la escena le pega un poco el nombre del “Holandés Volador”, el barco fantasma inmortalizado en las leyendas.

Duele ver hoy en el patio del museo Palacio de Junco a Piet Heyn, el mismo que se convirtió en héroe nacional de Países Bajos tras capturar en 1628 el botín de la española Flota de La Plata en la bahía de Matanzas, ahora yacente pero todavía con su mano sobre el pecho, a la espera de las acciones de conservación pertinentes.

Casi suena redundante repetir que si el gato no actúa los ratones seguirán de fiesta.




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