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Monday 23 September 2019
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Si no fuera matancera…

Puente giratorio.

Soy matancera. Mis padres también viven aquí y mis abuelos amaron esta tierra de ríos y puentes. Tal vez porque me eduqué en un hogar que me enseñó a valorar la ciudad natal es que hoy redacto estas líneas o porque simplemente hoy no vivo en ella y he comprendido aún más desde la lejanía cuanta riqueza esconde el ser y sentirse matancero.

Debatiéndose constantemente entre la capital del país y el polo turístico más importante de la Isla, ha sido cuna de los acontecimientos más importantes que han marcado la cultura nacional.

Bautizada como San Carlos y San Severino, en honor a Carlos II, rey de España, y Severino de Manzaneda, gobernador de Cuba en el tiempo de su fundación, muy poco queda de este nombre y prevaleció en el tiempo y en la historia: Matanzas.

Si no hubiese nacido en Matanzas tal vez no conociera el Castillo de San Severino, fortificación que queda hoy como vestigio del siglo XVII, pues se comenzó el mismo año en que se funda la ciudad, en 1693.

Si no fuese matancera, lo más probable es que ignorara la importancia de ese siglo XIX para la ciudad, desconociera totalmente que la urbe se convirtió en emporio azucarero y que la esclavitud pululaba. Si no fuese matancera pasara por alto a esa primera urbe moderna, de calles perfectamente alineadas por las leyes de Indias.

Si Matanzas no fuera mi ciudad natal, tal vez cuestionara la importancia de la Diputación Patriótica para la urbe y no supiera que esta institución creó la primera biblioteca en 1835. Si no fuese matancera no tuviera nada que agradecer a Tomás Gener y a Domingo del Monte, personalidades que, sin haber nacido en Matanzas, hicieron suya la ciudad y la convirtieron en un lugar de gente culta.

Ermita de Monserrate.

Si hubiese nacido en otra provincia, no tomara en cuenta quién fue Plácido y por qué lo fusilaron. Supiera muy poco de la Conspiración de La Escalera, los tantos horrores que vivieron los esclavos y seguramente pasara por alto las historias de amor de Isa y Milanés.

Si mis padres no hubiesen escogido esta ciudad para mí, no tuviera el privilegio de admirar la belleza del Teatro Sauto, único de su tipo en Cuba. Me hubiese perdido recorrer cada uno de sus centenarios puentes. Tampoco estaría al tanto de quién fue José White y por qué una Sala de Conciertos en Matanzas lleva su nombre.

Si Matanzas no fuese mi cuna, jamás hubiera visitado la Ermita de Monserrat, tampoco el Museo Farmacéutico, antigua botica de Ernesto Triolet, ni me hubiera enterado de la huella catalana en Matanzas al desfilar en diciembre con la Colla y mucho menos hubiera caminado por las Cuevas de Bellamar, descubiertas en 1861 y declaradas además de Monumento Nacional, centro turístico más antiguo de Cuba.

Si no fuese matancera, no tuviera la oportunidad de admirar el valle de Yumurí, no hubiera podido bañarme en el río San Agustín, ignorara que existe en Matanzas una calle- escalera, no hubiera tenido la experiencia de admirar el cuerpo momificado de Josefa Margarita Ponce de León y de hecho me hubiera perdido el amanecer desde el seminario Evangélico de Teología.  Si no fuese matancera es muy probable que no hubiera tenido el placer y el honor de consultar el periódico La Aurora de Matanzas y de seguro hubiese tenido que buscar otro tema para la tesis.

En fin, estoy segura que usted, matancero, concuerda conmigo y recordará otros lugares, hechos, personalidades y vivencias que le atan a usted y a mí a nuestra ciudad. Por eso me indigna el maltrato a nuestra urbe de 325 años, me consterna la indolencia de algunas personas que intentan empañar la imagen regia de nuestra Atenas de Cuba.

  • Fotos: Adrián Juan Espinosa

Abra del Yumurí.



Estudiante de Periodismo


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