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Monday 23 September 2019
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Desde Rusia con amor

Reloj Poljot.

Dice un viejo refrán que todos temen al tiempo, pero el tiempo teme a las pirámides de Egipto y uno casi lo cree porque siguen ahí, tan orondas en pleno siglo XXI…, lo mismo puede decirse de los electrodomésticos soviéticos que aún forman parte de la vida del cubano.

¿A quién le importa si eran feos? Uno podía confiar en que un aparato hecho en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) no traicionaría a su amo. Son la prueba viviente de que un mundo sin obsolescencia programada también es posible.

Cierto es que tenían/tienen, toda la pinta de robots Transformers camuflados para sobrevivir al pulseo entre potencias de la Guerra Fría.

Pero aquellos armatostes enemistados con la belleza (según creemos hoy) tienen poco que envidiar a nuestros modernos y estilizados equipos, estos últimos a veces tan efímeros como un merengue en la puerta de un colegio.

Anacrónicas o no, las máquinas soviéticas demostraron una capacidad a prueba de balas para envejecer, ya que no con elegancia, al menos con la dignidad de seguir siendo útiles y eso no es poca cosa.

Lavadora Aurika.

Aparatos tan míticos como lavadoras Aurika; aires acondicionados BK; automóviles Lada, Moskvich, Volga… y un largo etcétera funcionan todavía en un sinfín de hogares en la isla mayor de Las Antillas. Los motivos son diversos, desde falta de alternativas hasta pura nostalgia, pasando por un rendimiento a todas luces superior.

Moskvich.

El aguante de las viejas piezas de tecnología da fe de la potente industria de una gran nación que, no obstante hallarse extinta, pervive de algún modo en Cuba más allá de concordancias ideológicas.

Al igual que los cubanos, muchos habitantes de la entonces Unión Soviética todavía conservan recuerdos amables vinculados a viejas lavadoras Eaya o refrigeradores Zil. Adquirirlos era algo que se planeaba con tremenda antelación y hacía falta méritos además de dinero para llevarse alguno a casa, de ahí la nostalgia.

Magos de pura raza son los que en Cuba se las ingenian para mantener vivitos y coleando a los electrodomésticos hechos en la URSS y a salvo del basurero porque todavía aguantan.

Ventilador Órbita.

Es frecuente encontrar en una casa cubana a un joven nativo digital concentrado en la pantalla de su smartphone mientras lo refresca un ventilador soviético marca Órbita, de esos considerados casi eternos. En algún “timbiriche” puede que le sirvan al cliente sediento un batido de guayaba mezclado en una batidora “rusa”, de las de antes. Relojes Poljot todavía marcan el tiempo de la Isla que vive su eterno verano.




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