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Monday 18 November 2019
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Juan Gualberto Gómez, el hombre de confianza de José Martí

“Él quiere a Cuba con aquel amor de vida o muerte y aquella chispa heroica con la que ha de amar en estos días de prueba quien la quiere de veras. Él tiene el tesón del periodista, la energía del organizador y la visión distante del hombre de Estado.”

José Martí, Patria, 11 de junio de 1892

Pasadas las seis y cuarto de la mañana del 5 de marzo de 1933 murió el patriota Juan Gualberto Gómez, en Villa Manuela, residencia de descanso ubicada en las afueras de La Habana, donde todavía árboles, documentos y otros objetos evocan la impronta del prócer independentista.

En aquella casa quinta eran las bibliotecas sitios especiales donde el político y periodista acostumbraba trabajar hasta altas horas de la noche y fue entre sus libros preciados donde lo despidieron familiares y amigos en velada de honor.

“La biblioteca interior sirvió de cámara mortuoria. El féretro, entre cuatro cirios, estaba cubierto por la bandera cubana, al frente un crucifijo de pie y el conjunto reposando sobre una alfombra persa.La primera guardia de honor la asumieron su hijo Vicente y sus yernos Leonardo, Plácido y Rafael.

“Un emisario del presidente presentó a los dolientes la invitación para velarlo en el Capitolio y brindarle los honores oficiales. No lo aceptaron las hijas conocedoras de las convicciones antimachadistas de su padre.” Así se describe el suceso en texto de Mercedes Ibarra Ibáñez, bisnieta del patriota.

“Pocos hombres me han dejado una impresión tan genuina y sin embargo tan sencilla, de proceridad”, opinó Jorge Mañach; “¿Quién sino Juan Gualberto defendió con más duro coraje, con más denodada inspiración martiana, los derechos de Cuba frente al bofetón que significó la Enmienda Platt?”, se preguntó Nicolás Guillén.

Décadas de ausencia física no son suficientes para opacar la impronta de un hombre que deviene paradigma en el amor a la Patria, pero toca a los cubanos de hoy honrar las raíces con acciones, para que continúen firmes y se empine más el árbol de la Revolución.

Y es que no pierden valor aquellas palabras dichas por Juan Gualberto a la joven María Antonia Funcasta el 24 de febrero de 1933, después de izar la bandera cubana que tradicionalmente enarbolaba la familia en fechas significativas: “Mírala bien, a esta hay que defenderla hasta con la propia sangre.”

Fuente: www.josemarti.cu




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