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Friday 15 November 2019
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Matanzas y Varadero: cada virgen a su altar

La cultura y el turismo constituyen dos eslabones fundamentales en Cuba, ambos aportan ingresos a nuestro país en el orden económico, condicionan el flujo monetario y movilizan el estado social en todas sus variantes.

Con características diversas el turismo constituye una fuente icónica de ingresos a la economía de nuestra sociedad. Fue implementado como una de las salvaguardas estratégicas del Gobierno revolucionario para enfrentar las inclemencias que acarreó la crisis de los años 90.

Cuando en Cuba o cualquier otro país se dice Varadero, inmediatamente se asocia ese nombre en primer término a una bellísima playa y en segundo al turismo.

Por suerte para los matanceros, el mayor polo turístico de sol y playa del país está enmarcado en nuestra geografía. Varadero sin dudas constituye una fuente enorme de ingresos comparada con otros sectores en la Atenas de Cuba, además figura como una fuente de empleo esencial en nuestra provincia, debido a la cantidad de mano de obra y capital humano que demanda un negocio hotelero de tal repercusión.

Sin embargo, el turismo hotelero nada tiene en común con el turismo de ciudad. La red hotelera ha crecido considerablemente en los últimos años y continúa a un acelerado ritmo, por la constante demanda de turistas que seleccionan a Varadero para unas inolvidables vacaciones.

Al mismo tiempo se ha desarrollado toda una infraestructura extra hotelera que complementa la oferta y convierte a Varadero en una ciudad balneario digna del mejor turismo.

Luego, el turismo urbano es aquel desarrollado en ciudades, principalmente en aquellas que son Patrimonio de la Humanidad. Esta variante de turismo en su mayor porción atrae clientes de considerable nivel cultural y poder adquisitivo, es el tipo de turismo que más se implementa en el mundo.

El móvil fundamental de esta clase de actividad redunda en explotar las ciudades ricas en tradiciones, historia y un vasto patrimonio cultural. De donde es posible entender que el turismo de ocio no encuentra punto de contacto con el turismo de ciudad, conclusiones fáciles de obtener, según la clasificación de algunos expertos del tema.

Esta modalidad de turismo hace hincapié en aquellos aspectos culturales que oferta un determinado destino turístico, ya sea un pequeño pueblo, una ciudad, una región o un país. En los últimos años ha cobrado cierta relevancia en aquellas zonas que han visto limitados otros tipos de turismo: sol y playa, deportivo, etc. Este tipo de turismo precisa de recursos histórico-artísticos para su desarrollo.

El 325 aniversario de Matanzas marcó un hito en muchas aspiraciones de los amantes de esta ciudad, en su anhelo porque Matanzas (la urbe) se convirtiera en destino turístico de nuestro país. Pero, ¿cómo hacer de Matanzas un destino turístico que atraiga al visitante por sus valores culturales, despojados del brillo de Varadero?

Carlos Telot González, director artístico de espectáculos y asesor de animación de la cadena hotelera Meliá, señalaba que ambos son dos sectores que deben permanecer balanceados dentro de la sociedad para poderlos explotar con sabiduría, consecuencia y con la responsabilidad ciudadana que requiere.

Desde inicio de años se desarrollan en Matanzas las Ferias de Turismo como parte del supuesto proyecto de reanimación de la ciudad. Estas ferias tienen lugar los sábados, dos veces al mes y de manera escalonada. Todo un compendio músico-popular-bailable tiene lugar los mencionados fines de semana en la principal arteria de la cabecera provincial: la calle Medio.

El “fetecún” comienza en la Plaza de la Vigía y se extiende por toda la calle. Aclaro: “fetecún”: acepción o jerga que utilizamos los cubanos para referirnos a una fiesta donde “se botó la casa por la ventana”.

“Son dos renglones económicos y sociales diferentes. El hecho de haber declarado a Matanzas como ciudad turística, por la hermosísima reconstrucción de la misma, tiene como rol principal brindarle al turista todo lo que Matanzas tiene que ofrecer, no creo que la idea correcta sea traer lo que ofrecen los hoteles de Varadero a las calles de nuestra ciudad, el concepto en este caso está invertido y definitivamente resulta controversial”, expresó Telot González.

Estos lugares no están preparados para fiestas populares de esta índole, sobre todo porque hubo un proceso de inversión que se manejó con total esfuerzo para  recuperar el patrimonio arquitectónico de una ciudad tricentenaria, de estilo neocolonial, que ya casi dábamos por perdida.

“La ciudad se está ensuciando, se está contaminando y desorganizando…, este tipo de celebración popular, con la algarabía que desprende, no es digna de realizarse en el casco histórico de una urbe recién enmendada”, agregó el asesor de animación de la cadena Meliá.

Las políticas culturales que se llevan a cabo en Matanzas bien pudieran convertirse en el brazo derecho del desarrollo turístico dentro del centro. Sobradas son las propuestas artísticas, también las manifestaciones: sedes teatrales, salas de concierto, librerías y bibliotecas, y artistas dispuestos a colaborar.

Contamos con un Teatro Sauto recién remozado, que será reinaugurado dentro de poco y constituye un ícono en la cultura patrimonial a nivel mundial. Tenemos la rumba, los grupos portadores de las culturas africanas, los cabildos, los museos, ríos y principalmente tenemos las ganas de continuar reanimando una ciudad dormida durante años.

Rebeca Morales Estévez, miembro del Buró provincial del Partido, explicó que Matanzas se declaró recientemente ciudad destino turístico y para lograrlo fue decisivo el trabajo en conjunto de las autoridades con los sectores.

“En la mapificación de la urbe tomamos experiencias de otras ciudades de Cuba que ya ostentan este galardón para lograr una organización similar y mayor experiencia en esta materia”, agregó la dirigente partidista.

El turismo cultural se ha convertido en una de las industrias más importantes a nivel mundial, sobre todo en los países en vías de desarrollo hay enormes expectativas por lo que este mercado pueda aportar.

Si bien es cierto que en nuestro país se convoca a una educación por la cultura del buen gusto, una fiesta gastronómica hotelera no es la vía más competente para reanimar el argot cultural en el centro de una ciudad.

Estas ferias pudieran obtener su espacio en otro punto de esta geografía, ni siquiera se trata de tronchar los gustos de aquellos que encuentran una mejor opción en este tipo de celebraciones, debemos respetar la diversidad social, los gustos y los niveles educacionales.

Si tenemos una plaza tan céntrica como la del Tenis, por qué no explotarla y convertirla en un espacio en el cual confluyan esta especie de celebraciones, por qué no buscamos alternativas creativas para evadir el fuerte sol del Tenis, como asientos con sombrillas, carpas para la población, algo mejor que no incluya destruir los diamantes neoclásicos que poseemos en Matanzas.

Varadero y Matanzas serían entonces dos especies diferentes en función de diversificar el turismo para todos los gustos, incluso fomentar y diversificar también el turismo nacional, ¿por qué no?

El humo del pollo asado, la cerveza y la injerencia de otras bebidas alcohólicas en un espacio donde confluyen todo tipo de actores sociales, incluyendo niños, las indisciplinas, la despampanante música callejera y el carbón que daña el adoquín original que emplazaron los esclavos hace más de 300 años no demeritarán, con toda certeza, sus atributos como destino turístico en Cuba.

Los valores necesarios para merecer este galardón hace mucho que permanecen sentados en la esencia histórica de Matanzas como la Atenas de Cuba.




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