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Wednesday 18 September 2019
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Recuerdos deportivos de José Antonio Echeverría

Cuando José Antonio Echeverría Bianchi matriculó en la Universidad de La Habana, en 1950, acumulaba alguna experiencia en la lucha estudiantil desarrollada junto a José Smith Comas y otros discípulos, en el Instituto de Segunda Enseñanza de Cárdenas, su ciudad natal.

Ese historial, además de ser un excelente estudiante y ejemplar compañero, incidió para que rápidamente fuera electo como delegado de asignatura en la Facultad de Arquitectura y posteriormente presidente de la Federación Estudiantil Universitaria, (FEU), trascendentales acciones políticas caracterizaron la vida del joven José Antonio desde el 10 de marzo de 1952, con el golpe de estado del dictador Fulgencio Batista, entre las que sobresalen la fundación del Directorio Revolucionario, la firma junto a Fidel de la carta de México, donde se consolidaba la lucha entre el Movimiento 26 de Julio y los estudiantes cubanos y el asalto al Palacio Presidencial y la toma de Radio Reloj, de la que fue su organizador.

Esos años de lucha le impidieron participar en las competencias deportivas de la Universidad, por lo que hablar de un José Antonio como atleta destacado a ese nivel no resulta posible, aunque haya sido un amante de esa actividad desde niño y adolescente, en Cárdenas, algo que referiré a continuación.

Mi interés por conocer de la vida como deportista del querido “Manzanita”, como le llamaban sus amigos, brotó hace muchos años luego de una conversación con Francisco “Cuco” López, quien lo conoció desde pequeño cuando jugaban en el parque Tomás Estrada Palma, que hoy lleva su nombre, frente a su casa, en la entonces calle de Jénez, número 240.

Cuco, humilde niño de esa barriada entonces, me contó que pese a que procedía de una familia de cómoda posición monetaria, José Antonio siempre fue muy amistoso, afable, generoso y no lo pensaba dos veces para prestarte sus patines o traer su bate, pelota y guante para jugar un encuentro de béisbol.

Según datos del Departamento de Investigaciones del Museo Casa Natal de José Antonio Echeverría, a mediados de la década de los años 40, su hermano menor, Sinforiano organizó en el patio de la casona un gimnasio rudimentario de boxeo, en el que entrenaban y competían entre ellos.

En su etapa de estudiante en el Instituto de Cárdenas, amplió sus prácticas deportivas al baloncesto, a pesar de ser asmático, donde tenía aceptable nivel y destacaba en aquellos encuentros entre estudiantes y sobre todo, ante el fuerte equipo del Colegio La Progresiva, que se convirtieron en tradicionales, a la vez que compitió en la natación en las piscinas de la Industria Arechabala y el Club Naútico, de Varadero.

Un deporte que apasionaba al futuro Líder Estudiantil, era el remo que por esos años practicaban muchos jóvenes cardenenses, e incluso llegó a bogar con el Náutico de la Playa Azul en la categoría “junior”. La camiseta utilizada entonces se encuentra en una de las vitrinas del Museo que lleva su nombre, así como otros objetos deportivos de su
infancia y juventud.

Poco pudo demostrar, como habíamos señalado anteriormente en el deporte universitario, sin embargo, en su mandato al frente de la FEU organizaron muchas competencias y se mantuvo aquel tradicional lema de “quién viene, Caribe, quién va, Universidad”, enarbolado por generaciones de alumnos deportistas de ese centro.

Por último, quiero destacar un hecho histórico ocurrido el 23 de noviembre de 1952, en el estadio del Cerro, hoy Latinoamericano, en el transcurso de un juego entre los llamados eternos rivales del béisbol cubano, Habana y Almendares.

Ese día, un grupo de estudiantes, con José Antonio al frente, se lanzó al terreno portando una enorme tela en la que se denunciaban los desmanes de la dictadura y exhortaba al pueblo de la capital a participar en un acto convocado por la Universidad, el 27 de noviembre, en el aniversario del fusilamiento de los estudiantes de Medicina por el colonialismo español.

Ante las cámaras de la televisión fueron golpeados por la policía batistiana, acción que no fue peor gracias a la gallarda posición del árbitro Amado Maestri, quien enfrentó a las hordas agresoras y evitó males mayores.



Comentarista-narrador deportivo en Radio 26. Matanzas. Cuba. Vive en Matanzas


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