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Wednesday 18 September 2019
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“Meli, ese señor es Pancho Soriano…”

Recuerdo haberlo visto por primera vez hace muchos años, era aún una niña y no sabía de la magnitud e importancia de sus conocimientos, pero de algo estaba convencida: aquel hombre que había pasado por mi lado era muy valioso porque cuando su voz se escuchaba por la radio todos en mi casa me pedían silencio y se acercaban a escuchar.

Fue una tarde, no lo olvido, mi padre y mi abuelo me indicaron: “Meli, ese señor es Pancho Soriano, el que escuchamos por la radio cuando no podemos venir al estadio.”

Al verlo solo pude despojarme de la imagen joven que de él me había figurado y preguntar ¿él es famoso? ¿Él sabe mucho de pelota, verdad?

Crecí escuchándolo, admirando su capacidad para hacerme sentir en el terreno cuando narraba los partidos, callando cuando empezaba Jugando al Duro y acercándome al radio para atender sus comentarios.

Compartir tres pasiones, el béisbol, el periodismo y la radio fue la causa que me llevó a conversar con él, a vivir la dicha de recibir sus consejos, a contar con el apoyo de un paradigma, de una enciclopedia viva.

Este 14 de marzo, Día de la Prensa en Cuba, recibí una llamada que puso mis nervios al límite: “Pancho Soriano es Premio Nacional de Periodismo Deportivo, pero aún no lo sabe, por favor no lo comentes, te invito a que nos acompañes a darle la noticia y así podrás entrevistarlo”, fueron las palabras de mi “profe” Yirmara Torres, presidenta de la Unión de Periodistas de Cuba en Matanzas.

¿Cómo decir que no? ¿Cómo alguien que lo admira tanto puede rechazar esa propuesta? Pero, ¿qué le pregunto? ¿Qué puede esta inexperta estudiante de Periodismo preguntarle al olímpico Pancho Soriano?

Sobraron las palabras, las lágrimas que asomaron en sus ojos y que él trató de contener al recibir la noticia, hicieron un nudo en mi garganta y pusieron mi mente en blanco. Las preguntas que había elaborado para él, las frases que minutos atrás se agolpaban para felicitarlo quedaron inmóviles, solo podía pensar en ser fuerte, en no llorar.

Su dedicación, entrega y amor a la profesión durante más de medio siglo son reconocidas con este galardón, con el mayor reconocimiento que puede recibir un corresponsal deportivo, narrador, comentarista y locutor como lo es Francisco Soriano.

Pude hablar hoy de sus hazañas, de sus premios, de su vida profesional, pero creí más valioso hacerle saber que su talento es tan grande que llegó a enamorar de la radio, del periodismo y de los deportes a una niña, a esa niña que hoy creció y que tiembla de emoción y de respeto ante su gloria, que los nervios la dominan cuando tiene que entrevistarlo o trabajar con él y quien solo puede darle a nombre de Matanzas, de Cuba, las gracias por su profesionalidad y las felicitaciones por su excelencia.




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