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Wednesday 13 November 2019
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De escribas, faraones y burócratas

El exceso de informes y documentos que se solicitan de arriba hacia abajo y de un nivel a otro abruma a los directivos y empleados de cualquier entidad estatal, al punto que muchos jóvenes no desean asumir responsabilidades para las cuales están calificados por la cantidad de papeles que deben llenar, redactar y clasificar a diario aquellos que ostentan cargos.

Sobre todo molesta cuando se pide lo mismo que se informa, pero acerca de un detalle que ya se reportó o una valoración que ya se hizo, pero esta vez, dicen, mediante una visión específica, duplicada…

El término burocracia surgió al aparecer el primer escriba en la época de los faraones. La verdad es que se refiere a quienes trabajan detrás de un buró y se ocupan de servicios administrativos. Para ser exactos: la burocracia es un sistema organizativo que se encarga de gestionar determinados asuntos, en seguimiento a un conjunto de reglas
y procedimientos específicos.

En Cuba, esa actividad alcanza el rango de burocratismo, a lo cual se le añade “el peloteo”, la demora en trámites por morosidad de los funcionarios y la solicitud de un considerable número de documentos legales, que vencen a los pocos meses y entonces hay que empezar de nuevo.

Conozco la experiencia de tener que volver a redactar un informe porque de visita a visita de inspección se indica cambiar dos o tres palabras. Y se cumple además el famoso refrán de “si no se plasma en blanco y negro, no existe”, aunque prácticamente se hayan hecho maravillas y los colectivos marchen adelante sin tanta hojarasca.

Lo más interesante es que quien recibe esa numerosa información, solicitada semanal o mensualmente, no tiene tiempo de analizarla en la mayoría de las ocasiones, porque ello conllevaría estar sin moverse ni salir de la oficina durante decenas de horas. Bueno, algunos plantean que esa es la causa de que no se acuda a la base, tanto por quien
tiene que analizar, escribir y enviar, como por quien tiene que recibir, leer, archivar y a lo mejor emitir una valoración distinta, con un detallito novedoso de cada contenido.

Todo puede suceder. En diversos discursos nuestros máximos dirigentes se han pronunciado contra ese mal que lastra la acción cotidiana, pero los ministerios y sectoriales no consiguen simplificar los documentos y trámites, no lo logran para detrimento de la cantera de cuadros y mortificación continua de los implicados.

Esperemos una reacción positiva, eso sí, sin tener después que reflejarlo en un informe.




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