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Friday 15 November 2019
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La pasión de Raymundo Oña

Ni el transcurso de los años ha podido apagar la pasión de Raymundo Oña Zulueta por el baloncesto. En realidad hoy reconoce que cada día conserva con más nostalgia las memorias de su vida en el tabloncillo.

Colombino de nacimiento, si bien practicó otros deportes debido a su capacidad física desde la niñez, asegura que para él nada supera la energía que se vive bajo el aro.

Quizás es este el motivo por el cual al finalizar su carrera activa como deportista, no encontrara otra opción para mantenerse dentro del básquet, que la de ejercer como entrenador.

Con el carácter sosegado de quien gusta de la plática relató durante nuestra conversación momentos que marcaron su vida desde que en la escuela primaria Josefa Álvarez, de su natal municipio,  comenzara a imaginar la posibilidad de convertirse en basquebolista.

Según Raymundo cuando destacó en aquella escuela por sus aptitudes y fue promovido a la EIDE Luis Augusto Turcios Lima, de Matanzas, en el año 1967, la vida parecía brindarle la oportunidad de realizar sus sueños; no la desaprovechó.

“El camino fue difícil, como suele serlo cuando buscas grandes cosas. Yo era apenas un niño al ingresar en la EIDE y tuve que alejarme de mi familia. Esto se convirtió en una constante en mi vida, pues cuando fui ascendiendo a los centros nacionales mayor era la distancia con mis seres queridos. Por eso es que en el deporte todos somos como una gran familia, prácticamente crecemos junto a los compañeros de equipo y los entrenadores.

“La llegada a los centros nacionales exigía más responsabilidad, pero me permitía jugar al básquet en muchos torneos, algunos de ellos internacionales. Al final ese era mi objetivo, pues no existe mayor orgullo que portar la camiseta del equipo Cuba.”

Los títulos y los campeonatos no sofocaron la humildad en aquel muchacho de Colón. De hecho todavía se distinguen en Oña Zulueta el trato afable de las personas de campo.

Como quien evita dañar los sentimientos ajenos escogió sus palabras para hablar sobre la situación del baloncesto en la provincia de Matanzas. Las limitaciones, fortalezas y, principalmente, la necesidad de contar otra vez con una sala donde los aficionados puedan disfrutar de los partidos.

“En realidad es necesario mejorar el trabajo en los municipios. Allí hay que lograr la captación de los atletas con mejores cualidades, que realmente aporten a la EIDE. Solo se trata de garantizar un trabajo sistemático desde la base hasta los centros de alto rendimiento. Con la constancia, lo demás sale poco a poco. Pero en sentido general la provincia no se encuentra rezagada en cuanto a los resultados deportivos. La primera categoría incluso discutió el título del Campeonato dos años atrás y los escolares también han hecho sus aportes.

“Es muy triste ver cómo unos equipos ganadores no cuentan con una sala donde los fanáticos puedan verlos jugar. Me he referido a esto en otras ocasiones y solo porque en la actualidad no contamos con un espacio que sustituya al Ateneo Deportivo Aurelio Janet. Los locales donde se juega hoy no tienen las condiciones necesarias. Creo que los atletas y el público se merecen contar con una buena instalación para disfrutar de los partidos.”

Actualmente la comisión de atletas del territorio desarrolla un programa de apadrinamiento a los alumnos de los centros deportivos, en el cual las glorias y figuras relevantes del deporte brindan su experiencia a estos jóvenes.

Son ocho estudiantes a quienes en estos momentos apadrina Raymundo Oña, quien se ha insertado en esta iniciativa. Según él, la oportunidad de brindar sus conocimientos a estos alumnos lo hace recordar lo importante que fueron sus entrenadores durante su formación.

“Contribuir en la formación integral de los atletas es un incentivo para aquellos que nos retiramos de la vida deportiva. Nadie mejor que nosotros para identificarnos con sus necesidades y sacrificios. Este programa es positivo para los alumnos y también para los ex atletas, pues los hace sentirse útiles. Matanzas tiene grandes figuras del deporte, que pueden compartir su conocimiento.

“En mi caso solo pretendo ayudarlos a explotar sus habilidades para que ingresen a los centro nacionales de alto rendimiento. Ese constituye el principal objetivo de un atleta joven y en mis tiempos tuve quien me guiara de la mano para conseguirlo. El entrenador René Jaquiné Aldama, junto a otros que tuve durante mi carrera como basquebolista, influyeron en buena medida en mi vida. Ahora, a mis casi 65 años, espero poder apoyarlos como algún día alguien hizo conmigo.

“Quizás sea difícil entenderlo, pero el hecho de compartir tantas experiencias juntos crea entre los deportistas lazos tan fuertes como la propia familia. Nos ayudamos en nuestras metas y ponemos el hombro para desahogar algún problema. Por eso los entrenadores y los compañeros de equipo son tan importantes. A mí me ayudaron a forjarme como hombre y atleta, pero más que nada me enseñaron a amar al baloncesto.”




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