Los símbolos patrios merecen respeto

Cuba aprueba una nueva ley de los símbolos patrios, cuerpo legal que tiene como objetivo dignificar nuestros más entrañables valores de rebeldía y lealtad, heredados de nuestros padres fundadores.

Para mí no fue necesario ver por la televisión las palabras de Eusebio Leal, historiador de La Habana, quien veneró a nuestros principales íconos y les dio el puesto que realmente le corresponde, porque ellos, al igual que los padres forman parte de la fidelidad y obediencia que se les debe tributar.

Quizá muchos no compartan mi criterio, pero en lo personal no me agrada que nuestra bandera esté expuesta en diferentes objetos que nada tienen de solemnidad, como pueden ser prendas íntimas y otros utensilios desechables.

Ayer me invitaron a un cumpleaños donde la mayor parte de los objetos utilizados fueron traídos de Estados Unidos y recibí un impacto, lo digo con toda sinceridad, que me costó tiempo reponerme, porque me pareció humillante ver platos, servilletas y varios objetos en cestos de basura, el patio o botados por todas partes con la bandera de ese país.

Una de las personas, buen amigo por cierto, conociendo de mi filiación revolucionaria me dijo, medio en broma y medio en serio: “Disculpa por brindarte en una bandeja con la bandera americana”, a lo que le respondí, lo que me duele es que algo tan serio como la bandera de una nación caiga tan bajo.

De inmediato me vino a la mente uno de los animados de Elpidio Valdés, donde un mambí le contaba al propio Valdés: “Capitán, que trabajo costó quitarle la bandera al soldado que la llevaba”, a lo que el jefe mambí le expresó: “Ellos la aman y defienden igual que nosotros a la nuestra”.

Los símbolos patrios no pertenecen a un sistema social, a una política de Gobierno, a un régimen, ya sea dictatorial o democrático, amantes de las mayorías o de las minorías. Estos íconos son patrimonio del pueblo, por lo que debemos respetar tanto a los propios como a los ajenos.

Por eso cuando en una actividad pública se entona el himno nacional de una nación se les debe dar el mismo tratamiento de respeto y solemnidad, porque ese cántico pertenece al pueblo y no al Gobierno que lo representa, y a los pueblos hay que respetarlos.

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