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Saturday 19 October 2019
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Hoy es hoy y no mañana

Existen varios proverbios que se refieren a acciones que requieren hacerse en el momento indicado y no dejarlo pasar, entre los refranes está: “Donde se cae el burro, se le dan los palos” o “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. El no haber dado los palos al burro en su momento me costó perder una entrevista que pudo ser interesante.

En el reparto Armando Mestre, de la ciudad de Matanzas, vivía un señor que por ciertas características me daba que había algo en él digno de conocer y relatar. Un día me le aproximé para interesarme por un asunto intrascendente, ardid que utilicé para acercarme, ya que mi propósito era introducirme en su mundo.

Este señor siempre se hacía acompañar por un bastón hecho de una raíz de un árbol, el apoyo estaba barnizado y exhibía unas elegantes torceduras. Ahora recuerdo, fue el bastón el motivo del acercamiento. Me dijo como lo adquirió, el nombre del árbol y otros detalles.

Enseguida quise conocer más de su vida y tratar de llegar a eso que me parecía estaba oculto a simple vista. No he dicho que era de tez negra. Entonces deduje que si era negro y había vivido su juventud en el capitalismo tenía mucho que contar.

En el transcurso de la conversación me dijo que había sido guardia rural en el Gobierno de Fulgencio Batista, de inmediato me dije: “Ahí está lo que quería saber y no tenía información previa”. Ya más en confianza le solté “Casquito” “…Sí pero no hice nada malo, por eso estoy tranquilo”, fue su respuesta.

En la conversación conocí que era de procedencia muy humilde por eso pensó que al enrolarse en el ejército tendría una vía de sustento y de poder ayudar en algo a su familia, aunque el salario que recibía era mísero. Me contó que en una oportunidad lo enviaron a la Sierra Maestra. La conversación se fue tornando interesante.

En ese momento no tenía una grabadora a mano, el celular se me había quedado en la casa y no llevaba conmigo nada con que escribir, por lo que pacté un nuevo encuentro para oficializar la conversación que sería en mi vivienda.

Pasaron los días y el encuentro no se realizó. Una mañana me levanté con el propósito de buscarlo para conversar sobre el tema inconcluso. Indagué con unas personas que en oportunidades conversaron con él para que me dijeran sobre su paradero. Cuán penosa fue la noticia al conocer que había fallecido días atrás.

Entonces lo sentí por él, por su familia y por no haber podido conocer más de ese triste episodio que escenificaron muchos jóvenes que vistieron el sanguinario uniforme amarillo que tanto dolor le causó al pueblo de cubano, aún, más triste porque vieron en el ejército una vía para ganar unos pesos, porque no existía sitio donde poder trabajar.




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