Agustín Drake: sencillez de maestro

En los ojos del profesor Drake se puede vislumbrar, bien adentro de sus pupilas de 85 años, la satisfacción que lo repleta de orgullo y alegría, y que lleva por nombre Ríos Intermitentes.

Agustín, el destacado escultor matancero con una extensa obra reconocida a lo largo del país y en el exterior, ha participado en más de 80 exposiciones y siente todavía que la curación y el arte constituyen dos caminos esenciales para salvar el mundo.

Su intervención en el capítulo matancero de la XIII Bienal de Arte en Cuba ha demostrado con creces cuán eficaz y provechosa resulta la labor del artista cuando trabaja con el corazón.

Con su serie Objetos y animales fantásticos en metal y plástico, unido a su proyecto de esculturas en espacios urbanos, Drake se preocupa porque el objeto que selecciona para su obra resulte claramente identificado y así libera una serie de connotaciones sensibles, que condicionan el alma de los espectadores, que intriga, seduce y finalmente conmueve.

El artista, con la colocación de sus objetos en diversos contextos en ocasiones altera el espacio con gran intencionalidad. Luis Octavio Hernández, coordinador general de la Junta Directiva de la Bienal en Matanzas, expresó que la obra de Drake posee una actualidad inconmensurable. El directivo dijo que la obra de este autor refleja y denuncia también el colonialismo voraz que depara el imperio para nuestros pueblos mediante una guerra cultural, de la cual alerta mediante su labor artística.

Agustín Drake ha dado forma a una inusitada población de seres metálicos entre las que figuran desde aves, artrópodos, monstruos tomados de la imaginaria era medieval, hasta extrañas máquinas de guerra y ángeles bélicos.

Nada en sus esculturas ha sido creado de la pura materia, sino a partir de los más diversos objetos acoplados por el fuego de ese instrumento de producción que los artífices han sacado de las fábricas para ponerlo al servicio de la escultura moderna.

Los animales de Drake pertenecen a una fauna heráldica, no hay una voluntad de crear seres que corran, duerman, sufran, deseen o ataquen, vibrantes de vida, sino de presentar un vestuario emblemático que se limita a ostentar sus atributos, no son tópicos seres oníricos extraídos del subconsciente, ni entes de pesadillas y misterio.

Los niños que pasan por su galería quedan cautivados ante tanta creatividad y solo ellos conocen el mundo que sus mentes recrean al tocar la obra con sus ojos y juguetear con los conceptos alejados de tecnicismos artísticos que les provoca la infancia.

Le pregunté¿Cómo se siente Drake con la gran repercusión  que tuvo su obra en esta Bienal?

Me respondió: “Chica yo no sé si mi obra ha tenido gran aceptación o no… y no creo que eso sea tan importante como ver la cantidad de participantes nativos y extranjeros que han intervenido Bienal de Matanzas, la hermandad y el compañerismo sin competencias que se desprende de ello entre los implicados y lo más conmovedor de todo: la respuesta del público matancero ante nuestro trabajo.”

– ¿Qué no olvidará usted de esta Bienal matancera?

(Humeó un puro, lo amañó con la punta de los dedos y sentenció):

“De la Bienal no podré olvidar ni un solo detalle. Sin embargo, esa inauguración… umhhh… a la orilla de ese río y entre los puentes, yo jamás lo había visto ni en los viejos carnavales de mulatas hermosas que parrandeaban en las calles. Lo que más se agradece es que el público yumurino no se congregó allí por un motivo diferente, no se buscaron alternativas para atraer a la gente, todos ellos estaban abarrotando los bordes del río por el único motivo de la Bienal, eso no tiene precio.”

Una parte de la obra de Drake se puede apreciar en enclaves exteriores, realzando el legado que hace cientos de años heredamos de nuestros ancestros. La escultura del maestro se vale de trastos, cacharros, instrumentos disímiles para componer objetos que a pesar de articular una nueva representación, conservan su personalidad original.

Con su ingenio, este respetuoso señor de tradicional estilo y mente didáctica, sobrecarga los objetos de valores históricos y le ofrece connotaciones antropológicas y religiosas.

El brillo en sus ojos, repito, es la muestra fehaciente de que para este matancero Ríos Intermitentes devino regalo de musas para sus 85 años:

“Es asombrosa la cifra de visitantes que hemos congregado en nuestros espacios y que las familias asistan a este encuentro ha sido fenomenal. Creo que nosotros, los artistas, nos hemos quedado por debajo de ese respaldo que nos dio Matanzas y su gente, entonces, puedo decirte que mi obra es un complemento pequeño que forma parte del gran éxito que ha sido este acontecimiento de intervenciones artísticas dirigido por María Magdalena Campos Pons.”

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