Felipe Guerra Matos, contar la vida en segunda persona

Felipe Guerra Matos ´Guerrita´, quien fuera capitán del Ejército Rebelde, resume toda una existencia de lucha junto al Comandante en Jefe en unas cuantas anécdotas simpáticas. Para este anciano venerable su vida tiene “alguna importancia”, según sus propias palabras, por la relación de compañero y amigo que compartió con Fidel.

Por eso el tiempo le purificó incluso las memorias más amargas de la guerra y le obsequió el regalo de los buenos momentos. Así evoca la escena cuando debía recordar con exactitud unas palabras para decir en caso de ser capturado por el enemigo durante los combates en la Sierra Maestra:

“-Yo sé que tú estás quemado, Guerrita, pero es necesario que vayas a Santiago de Cuba y a Manzanillo. Apréndete este dictado para que justifiques tu presencia allí- me dijo Fidel.

“Tenía que mencionar, en orden, una serie de aproximadamente 20 localidades cercanas, los puntos de una supuesta trayectoria:

“-Salí de Cayo Espino, pasé por Jibacoa, Las Mercedes, Las Vegas, San Lorenzo…Pero me equivoqué como dos veces.

“-Eso no va ahí- me interrumpía Fidel.

“-Salí de Cayo Espino, pasé por Jibacoa, San Lorenzo…– repetía nuevamente.

“-Eso no va ahí. Tú con esa carita y esos espejuelitos de inteligente eres más bruto que el mismísimo carajo, pero tienes que cumplir la misión y si caes en manos del enemigo te pido que mueras con dignidad, no nos delates– me dijo.

“Y yo juro solemnemente por mi honor de hombre y de revolucionario que si me hubieran atrapado yo habría muerto con honor, Fidel me preparó para eso.”

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Felipe Guerra Matos se había vinculado a la actividad clandestina en su natal Manzanillo, localidad cercana a la Sierra Maestra, núcleo de la lucha por la liberación nacional.

“Para mí fue lo más natural incorporarme a la gran corriente insurreccional de la ciudad. De esos momentos recuerdo a César Suárez, Rafael Sierra y Quique Escalona, un numeroso grupo de combatientes que estábamos vinculados al Movimiento Revolucionario 26 de Julio. Cuando aconteció el desembarco del yate Granma muchos intentaron reunirse con los expedicionarios, pero no lo consiguieron y regresaron a Manzanillo. Allí empezamos a trabajar, contactamos con Celia tempranamente y el primer grupito de manzanilleros que subieron a la Sierra a finales de diciembre de 1956 e inicios de enero de 1957 los llevamos nosotros.”

Por su cabal conocimiento de la zona se le encomendaron misiones como mensajero y enlace bajo las órdenes directas de Fidel Castro, Celia Sánchez y Frank País.

Como parte de esta labor, Guerrita condujo personalmente al periodista norteamericano Herbert Matthews, del periódico The New York Times desde las estribaciones de la región hacia el campamento rebelde donde aconteció el histórico encuentro con el líder de la Revolución.

“El primer tramo conduje al reportero en mi pisicorre Wily, un trayecto casi mortal para quien no conociera la región con exactitud dado lo irregular del camino. Después anduvimos a pie, también una travesía difícil, especialmente para el periodista quien no pudo evitar una aparatosa caída, pero demostró su voluntad al recuperarse rápidamente y continuar decidido la marcha. 

“Sentí una gran satisfacción cuando presencié el recibimiento de Fidel. La conversación se desarrolló en un ambiente de cortesía y respeto. Para ambas partes era importante: el periodista obtuvo su ´palo´- como lo llaman ustedes- y la Revolución la evidencia de que estaba viva y con posibilidades de vencer. El mundo conoció que Fidel estaba ´dando batalla´ en las montañas. De ese modo burlamos la censura de prensa instaurada por el gobierno de Fulgencio Batista.

“Contribuimos también al encuentro de Fidel con la dirección del Movimiento 26 de Julio el tres de mayo de 1958, un acontecimiento importantísimo que dotó a la organización de una dirección única política y militar, representada por Fidel como Comandante en Jefe de la Sierra y el llano y Secretario General de la estructura”.

Debido a su continua actividad clandestina, que ya generaba sospechas, Guerra Matos se incorporó al Ejército Rebelde. Por sus cualidades merece el grado de capitán. Luego de la victoria de enero de 1959 asume labores vitales para el joven Estado, responsabilidades que le permitieron conocer con precisión el carácter del Comandante en Jefe:

“A Fidel no se le pudo ganar nunca, era muy competitivo, exigía al máximo y se exigía a sí mismo más aún. Se lo sabía todo porque todo le interesaba, todo lo preguntaba. Teóricamente el horizonte es una línea curva que alcanza nuestra vista donde nos parece que el cielo se funde con la tierra, pues Fidel veía más allá. Tenía una dimensión inconmensurable, una memoria prodigiosa, una rapidez increíble para resolver los problemas y analizar las cuestiones más complejas. Cuando dictaba una orden era minucioso, no daba oportunidad al equívoco.

“Lo vi brillar como nunca cuando el paso del ciclón Flora. En ese entonces yo era Jefe de la Defensa Civil y me trasladé a Bayamo. Demostró, como en ningún otro momento, su voluntad y su humanismo. Estaba dispuesto a arriesgar su vida por salvar a los campesinos, a cualquier víctima de aquella catástrofe. Él dirigió las acciones de rescate con un entusiasmo, con una fe, con una entereza que era imposible no seguirlo, no inspirarse.”

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 “En 1968 asumí el cargo de delegado de la Construcción. Por esa época teníamos algunos problemas debido a incomprensiones de varios compañeros. Un día el Comandante me mandó a buscar, salimos de recorrido, no me habló en todo el camino. Él mordía los espejuelos como era su costumbre. Llegamos a la presa Niña Bonita donde yo había dirigido la construcción una estación de bombeo para favorecer la actividad ganadera que se desarrollaba ahí. Él no estaba muy conforme:

“-¿Cuántos motores tiene?-preguntó

“-Cuatro motores– respondí al instante.

“-¿De dónde provienen?

“-Son ingleses

“-¿Cuánto vale cada motor?

“- 3 125 pesos

“- ¿Cuántos aspersores mueven?

“- 76 aspersores

“-¿Cuánto litros por segundo de agua aporta a la presa?

“-Comandante, eso sí que no se lo puedo contestar.

“Ya un poco molesto, espetó:

“-¿Hasta cuándo tengo que luchar con tu ignorancia?

“-Hasta que me muera porque yo soy un medio básico de esta Revolución.

“Entonces hicimos las pases. Visitamos ese día varias obras en construcción. Yo no había comido nada y, al llegar a La Habana, Fidel le pide a Celia que me diera dulce de guayaba con queso:

“-¿Te gusta, Guerrita?– me interrogó.

“- Al que no le guste el dulce de guayaba con queso no quiere a su madre– le contesté.

“Me trajeron una fuente y cuando le ´metí mano´ era de plástico.”

Se ríe con deseos recordando el absurdo:

“A Fidel le gustaba hacer bromas”.

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Primer dirigente de la Dirección General de Deportes, antecedente del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER) constituye otro de los datos de su extensa trayectoria. Pero Guerrita prefiere ceder el protagonismo de su propia historia:

“Estábamos un día en el Aeropuerto Internacional José Martí para recibir a Fidel quien llegaba de una gira por países de Centroamérica. También coincidía la llegada de los boxeadores que ganaron el Campeonato Mundial de esa disciplina en Belfast, Irlanda. El Comandante felicitó a los deportistas y luego me dice que lo espere para hablar.

“Me pone el brazo por encima:

“-Guerrita, estaba leyendo los diarios de Raúl y Almeida y me sorprendió la cantidad de veces que te mencionan ¿Cómo te las arreglabas?

“La vanidad me fue creciendo, imagínate, el alto mando estaba reunido allí, me creí un tipo importante.

“-Yo no sé cómo a ti no te mataron– insistió Fidel.

“-Comandante, gracias a mi inteligencia

“- ¿Inteligente tú? Brutos que eran los guardias”.

Y el pasaje, mil veces repetido, le despierta la risa del primer día y la nostalgia por el pasado que no regresa.

Como un revolucionario manzanillero de 92 años, dos veces herido en combate, secuelas que todavía arrastra en una pierna y le agudizaron sus problemas de locomoción, pero todavía lúcido y dispuesto a luchar hasta las últimas consecuencias se describe Felipe Guerra Matos. Aunque casi no se parezca al vital barbudo de las fotografías, Guerrita conserva intacta la disposición, ni siquiera el tiempo cambia lo esencial. Anhela que la vida lo premie con una segunda oportunidad y lo devuelva a uno de los vericuetos de la Sierra Maestra donde podía orientarse sin dificultad y luchar sin cuartel, inspirado por esa fuerza impetuosa que es Fidel.

 

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