La Bienal en Matanzas creó puentes muy serios y hermosos entre artistas de más de una decena de países, no por gusto muchos amigos la llaman la bienal del amor, declaró María Magdalena Campos-Pons, directora del proyecto Ríos Intermitentes que convirtió a la primera urbe moderna de Cuba en subsede del mayor evento de las artes visuales en la Isla.
La Plaza de la Vigía, el paseo de Narváez, la barriada de La Marina, el Estadio Palmar de Junco, la sede universitaria Camilo Cienfuegos, la calle del Medio, la casa de los artesanos, y hasta las propias aguas del San Juan, acogieron iniciativas del evento que se extendió desde mediados de abril reciente hasta el 12 de mayo último.
Que el matancero se sienta más orgulloso de lo suyo, de sus museos, colecciones, valores patrimoniales, es también saldo positivo que deja la Bienal, la confraternización entre los artistas locales ha creado un ambiente de intercambio, respeto y admiración que alienta, comentó Luis Octavio Hernández, coordinador del programa que concluyó el domingo reciente.
Yunior Gutiérrez Salomón expresó que hace unos meses era solo un pintor y motivado por la Bienal, cambió soportes convencionales por otra visualidad.
La experiencia debe repetirse –manifestó Salomón-, cada uno de nosotros salió con nuevos proyectos, es una apertura, ya el mundo en estos momentos tiene una visión clara del arte que surge en Matanzas.
Lo que hicimos fue también una manera de apoyar la abra histórica de la Bienal de La Habana que es de solidaridad, que abrió puertas en el discurso contemporáneo a voces y sitios no considerados antes, añadió Campos-Pons.
Trabajamos con respeto a la palabra de los creadores, de esta Bienal salió la idea de fundar un corredor de esculturas que enriquezca la iniciativa de Osmany Betancourt (Lolo) en la calle de Narváez, otrora área abandonada que es hoy una de las más deseadas para la recreación, añadió la profesora cubana-americana de la estadounidense Universidad de Vanderbilt.
En Matanzas experimentamos con ideas, procesos, demostramos que era posible y para mí – afirmó María Magdalena-, el diálogo candoroso de corazón a corazón, de pueblo a pueblo, en esta ciudad se realizó con una dimensión que nunca experimenté antes en otra bienal, y he participado en muchas.






















