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Monday 21 October 2019
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Varadero más allá del turismo

A 130 kilómetros de La Habana, capital de Cuba, emerge desde el Atlántico la Península de Hicacos. El nombre Varadero es inmediatamente relacionado con las playas azules, la brisa marina y el clima cálido que le caracterizan. Su popularidad como destino turístico de sol y playa, representa la principal causa de que la población pase por alto los datos interesantes de su historia.

Los hallazgos arqueológicos en las cavernas de la zona, demuestran que los primeros descubridores del balneario fueron los aborígenes. La cueva Ambrosio presenta el conjunto pictográfico más grande del Caribe, y en la de Los Musulmanes fueron hallados restos indígenas.

Durante las exploraciones del nuevo mundo, el español Sebastián de Ocampo se convirtió en el descubridor oficial de Varadero. Su flota hizo uso de las salinas y bosques para el reabastecimiento. Las cavernas sirvieron de guarida a cimarrones y piratas. Debe su nombre a que estos últimos aprovecharon la ventaja que la zona ofrecía para el varado de las embarcaciones.

Su belleza atrajo la mirada de los pobladores de la ciudad de Cárdenas. Tras varias batallas contra las plagas y el clima, fundaron un asentamiento el 15 de diciembre de 1887.  De ahí en adelante la zona experimentó un desarrollo constante. El hotel La Torre se erigió como el primero en el balneario. Constituye el precursor del turismo en la zona. Surgen después, la mansión Xanadú y el Parque Josone, llamado así por los nombres de sus dueños, José y Onelia.

Estos aspectos de la historia varaderense sitúan a la península de Hicacos como una zona digna de atención. El cuidado de sus 22 kilómetros de playa, constituye un objetivo primario para el Estado cubano, pues más allá de representar un atrayente destino turístico posee un rico legado cultural e histórico.




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