¿Cuántas veces ha llegado a una “cola” y, tras pedir el último, una persona ignora la fila y entra primero mientras pregunta por Fulano? Como Roberto Carlos, lo mejor es tener un millón de amigos y, claro, que cada uno trabaje en algo distinto.
A las consultas médicas siempre asisten dos tipos de personas. Una de ellas llega a las 6:00 de la mañana. La otra lo hace a la 1:00 de la tarde, pero entra primero porque el doctor vive en la casa de al lado.
En las tiendas los dependientes apartan el producto que recién entró para vendérselo a su prima tercera antes de que se acabe. Por otro lado, el chófer del ómnibus que se niega a recoger población y se detiene para que suba el yerno o la cuñada. Luego dice: -Hasta ahí señores, aquí no monta más nadie.
El amiguismo representa una conducta negativa que causa malestar al que está en la “cola” del consultorio desde la 6:00 de la mañana, al que lleva dos horas en la parada, al que está en la fila para comprar aceite y al que no le alcanza su salario para pasar ni una hora en el hotel.
Pero seamos sinceros… ¿Si usted, estimado lector, tuviera uno de esos amigos no aceptaría esas ventajas? Nos quejamos de todo, pero repetimos las mismas conductas que tanto nos molestan. Para cambiar el mundo, primero ha de cambiar uno mismo. Resulta poco creíble que alguien que pueda disfrutar del amiguismo se niegue a ser partícipe.
¿Es antiético? Sí ¿Es antimoral? También. Borremos los malos patrones de conducta y cambiemos la popular frase: El que tiene padrino…, NO siempre se bautiza.






















