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Wednesday 23 October 2019
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La muerte de un glorioso General en Jefe

Este 17 de junio se cumplen 114 años de la muerte de Máximo Gómez Báez, General en Jefe que fue del Ejército Libertador de Cuba luego de aceptar, en 1892, la histórica misión que en nombre del Partido Revolucionario Cubano le ofreció su delegado José Martí.

Resulta bastante difícil abarcar en un escrito una vida tan larga y gloriosa como la del Generalísimo, un hombre que tanto aportó al batallar revolucionario de la mayor de las Antillas, dominicano de origen, pero cubano por derecho, como lo llamó Fidel, pues a la Isla y sus luchas por la independencia dedicó su vida.

No fue solamente General y Jefe supremo de las armas patrióticas; como soldado, como un combatiente más, encarna el espíritu de sacrificios, de un continuo esfuerzo por el ideal en el que siempre creyó.

No resulta equívoco destacar que con su muerte en 1905 terminaba una época, especialmente si se tiene en cuenta que Cuba se encontraba en vísperas de la segunda intervención militar de los Estados Unidos, solicitada por el propio presidente de turno Tomás Estrada Palma.

En los últimos años de la vida del General Gómez, la opinión nacional se movilizó alrededor de su enérgica personalidad por sus severas y constantes críticas a esa actitud lacaya del presidente y su “gabinete de combate” de reclamar el apoyo de la armada yanqui.

Poco menos de dos meses antes de su deceso había partido Gómez desde La Habana hacia la parte oriental de la Isla, donde vivía uno de sus hijos, para allí descansar por algún tiempo, alejado de sus compromisos políticos.

La guerra le había arrancado a uno de sus hijos amados: Panchito Gómez Toro; cuatro murieron a causa de la miseria que la familia debió afrontar fuera de Cuba, a varios de ellos no los pudo ver crecer y espigarse haciéndose hombres y mujeres. Por eso, una vez terminada la contienda bélica, resultaba prioridad para él compartir el mayor tiempo posible con sus seres queridos.

Entierro de Máximo Gómez el 20 de junio de 1905.

Cuentan que durante el viaje a Oriente en cada estación de tránsito donde llegaba Gómez el pueblo lo vitoreaba esperando ver la legendaria figura del hombre de tantos combates y audacia desmedida.

Finalmente arribó el Generalísimo a Santiago de Cuba muy enfermo por una maligna infección que le penetró el organismo a través de una insignificante herida abierta en una de sus manos. Contaba el General la edad de 69 años y evidenciaba una ancianidad más avanzada y un cuerpo agotado por los años y el desgaste de las penalidades sufridas en las guerras.

Varios doctores que lo examinaron indicaron su traslado inmediato a la capital, adonde llegó el día ocho de junio y con el paso de los días su estado físico empeoraba hasta que fue previsible el fatal desenlace.

Al acontecer su muerte el 17 de junio de 1905 en la mayoría de los hogares habaneros y del resto del país sobrevino el luto y el duelo en los corazones de cuantos veían en el viejo guerrero la encarnación del valor y las virtudes cívicas.

Desaparecía así el Generalísimo Máximo Gómez, uno de los pilares de la Patria que continuó esparciendo la luz de su alma, la fuerza de su brazo y la claridad de su mente mientras la salud se lo permitió.

Máximo Gómez representa además a los combatientes internacionalistas que ofrecieron su brazo generoso para derrotar al colonialismo español y para constituir la nación cubana. Su matrimonio con la insigne Bernarda del Toro, contraído en la manigua, representa también la identificación del hombre y la mujer cubana en la lucha revolucionaria.




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