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Monday 23 September 2019
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Indisciplinas sobre el puente

Una vez más la baranda cayó al agua. Casi tres metros de hierro desgastado y con herrumbre descansan hoy en el río Yumurí, de Matanzas, a causa de irresponsables que utilizan el puente peatonal del “tubo” como plataforma de pesca.

Al amanecer los pescadores suben a la pasarela, despliegan sus redes y comienzan la faena.

Para los peatones transitar por allí resulta un desafío. Ni el perfume menos refinado compite con la fetidez, ni los zapatos más usados poseen inmunidad ante tanta suciedad.

Cumplida o no la captura de peces y crustáceos, cuando los pescadores terminan su labor le dejan a los transeúntes un puente cubierto de restos de algas, basura y tanta agua como si el Yumurí creciera sobre el concreto.

Pescar encima de la plataforma provocó la caída de ambas barandas, en repetidas ocasiones. La solución a estas indisciplinas conllevó la construcción de más barandas y menos valores.

Una situación semejante ocurrió en el puente hacia el parque Watkin en la entrada al abra del Yumurí. El desenlace resultó en fundir muros de concreto para enfrentar la basura y fuertes olores.

La respuesta ante la caída de las barandas de hierro no debe ser el cambio de material y por tanto del diseño arquitectónico del puente.

Toda acción que atente contra el patrimonio de la ciudad y cause gastos repetidos al presupuesto económico de sus habitantes, debe eliminarse.

Medidas como la prohibición de la pesca encima de la plataforma y la multa a quienes incumplan, devolvería a los peatones una pasarela transitable y limpia de indisciplinas.

Gran parte de la esencia de la ciudad de Matanzas la conservan sus puentes. Resalta el sentido de pertenencia de los matanceros, con algunas excepciones, por las estructuras centenarias que nos identifican y favorecen el movimiento peatonal en la urbe.




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