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Friday 15 November 2019
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Pequeñas y grandes costumbres sociales

No vale esconderse en el calor, en el hogar no existen pretextos para evitar transmitir a los niños la importancia de dar las gracias,
de pedir por favor o de decir buenos días, buenas tardes o noches y convertir esos gestos en estilos de vida que trascienden más allá de
un simple acto de cortesía.

Se trata de invertir tiempo en cultivar emociones, en valores sociales y, ante todo, en reciprocidad, en ese aliento solidario que tanto dignifica a los cubanos.

Dicen los expertos que para fomentar una sociedad asentada en el respeto mutuo es necesario insistir en esas pequeñas costumbres sociales, a las que a veces no se les otorga la relevancia que merecen. Porque la convivencia se basa en la armonía, en esas relaciones de calidad vinculadas con la tolerancia.

Los científicos indican que el sistema neuronal de un niño se programa desde sus genes. Es algo mágico e intenso, dicen. Incluso las
actividades más rutinarias como alimentarlos, bañarlos o vestirles se transforman en improntas cerebrales que prefiguran, en un sentido u
otro, la respuesta emocional que tendrá en el futuro.

Estos hábitos se inculcan desde edades tempranas, cuando se tornan receptores de costumbres de cortesía como si fuese un juego, cuando
hay que aprovechar la sensibilidad de los pequeños para estimular sus emociones.




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