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Monday 19 August 2019
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El desierto del dolor

Existe un desierto en América Latina testigo del dolor de cientos de familias americanas. Allí la carne humana se deshace entre la fatiga y el sudor de los que más allá de las colinas encuentran un “paraíso”.

Muchos llegan desde lejos y los cactus no son más que otra barrera que los separa del mundo de la abundancia. Al otro lado, el que corre con suerte, o con billetes verdes, lo recibe un familiar o amigo. No todos cuentan con esa dicha.

Cientos de personas dejan su vida marcada con un alambre de púas y son detenidos en los llamados refugios de inmigrantes. Allí, en condiciones míseras, esperan para ser devueltos a su país, niños que claman a llantos por sus padres, jóvenes violadas en manos de la patrulla fronteriza y lágrimas que agujerean la memoria y el corazón.

Hasta el mes de julio en curso suman 18 mil 503 los centroamericanos devueltos por EE.UU. al país azteca este año y, aun así, otros miles ponen a diario su vida en riesgo. Para la mayoría no se trata de una cuestión política, sino de vivir el llamado “sueño americano”.

¿Cómo no querer vivir en un país donde el lujo se vende en los medios de comunicación, donde una marca parece la solución a la mayoría de los problemas o una simple galleta dulce te hace sentir sensaciones indescriptibles al paladar?

Mientras que EE.UU. explota otras regiones de nuestro continente en busca de materias primas y recursos naturales, otros van quedando sin nada más que la desesperación de un pueblo encarecido.

El país norteño derrocha sus millones para hacer tierra los avances de los gobiernos de izquierda e incentiva a familias a buscar en la emigración un mejor futuro para sus hijos.

¿Se puede acaso desabastecer de alimentos a un país y luego echar como perros a la calle a las personas que van a buscarlo al tuyo?

Cosas de políticas hostiles e incoherentes como la que está acostumbrada a hacer el gobierno de Trump. Pero parece que se trata de mantener contentos a los grandes millonarios racistas que costean su campaña política, en la cual se invierte más de la cantidad necesaria para mejorar las condiciones de los refugios de inmigrantes.

El flujo de personas hacia ese país se ha convertido en un punto constante en la agenda del jefe de la Casa Blanca, sin embargo, este soslaya la posibilidad de no agresión al resto de los países de América, como una alternativa para disminuir la crisis migratoria.

Si en lugar de crear disturbios y muros, invirtiera su poder en proteger a los miles de habitantes que viven en las calles de EE.UU., mucha menos cantidad de personas se aventurara a perder la vida lejos de la tierra que los vio nacer.



Estudiante de Periodismo


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